GIRONA
¿Se apaga la chispa en Girona?
Los de Míchel generaron una barbaridad de ocasiones ante el Rayo Vallecano que no fueron capaces de materializar, y la falta de claridad y determinación de cara a portería puede causar cierta angustia en el entorno

A Míchel se le vio inquieto en ciertos momentos del juego de su equipo / EFE
Esta es la nueva realidad del Girona. No lo duden. Todavía queda un largo camino por delante y no es momento de hacerse más sangre de la cuenta: "no somos el equipo del año pasado", como bien dijo Míchel, y el objetivo del equipo no es otro que el de asegurar un año más la permanencia en Primera. Claro está, y más aún tras la hazaña del curso pasado, que volver a quedar en puestos europeos entra en los planes de Míchel.
LA PÓLVORA ESTÁ MOJADA
Las comparaciones son odiosas, pero en este caso evidencian el mal trago que está pasando el equipo de cara a portería. En la 23/24, a estas alturas, eran 18 los goles que llevaba en su casillero personal, por los solo ocho que había podido encajar. En la presente temporada, sin embargo, apenas ha sido capaz de anotar ocho tantos. Defensivamente hablando, sigue más o menos en la misma línea (10), con cierta solidez atrás, teniendo en cuenta que recibió dos goleadas, ante Atlético (3-0) y Barça (1-4).

Girona FC VS Rayo Vallecano / EFE
Si nos fijamos en los puntos logrados, la diferencia también da que hablar: 19/21 en la 23/24 y 8/21 en la 24/25. Aunque cabe tener en cuenta que el equipo ya se quitó encima a Barça y Atlético y que visitó el Villamarín y Mestalla. A estas alturas, el curso pasado sacó un empate en el Reale Arena y visitó con solvencia el Sánchez-Pizjuán y La Cerámica.
Y se preguntarán, ¿por qué el Girona está negado de cara a portería? Pues la respuesta fácil sería decir que nota la ausencia de un 'killer' como Dovbyk, que se hartó de meter goles (24) el curso pasado. Pero, si nos fijamos bien, el ucraniano apenas llevaba tres dianas en las siete primeras jornadas, ni una quinta parte de los goles que había marcado el equipo. Sin embargo, el motivo es más bien otro. La superioridad o el domino del balón no termina de traducirse en goles.

Dovbyk, celebrando su gol contra el Cádiz / EFE
SIN CLARIDAD Y DETERMINACIÓN ARRIBA
En Mestalla se vio claro. Faltó creatividad en el juego. Y pegada, claro. El juego era demasiado plano y previsible, sin verticalidad, sin desmarques de ruptura y, sobre todo, no hubieron ocasiones manifiestas de gol. Ante el Rayo en Montilivi, sin embargo, la historia fue otra. El equipo se mereció llevarse la victoria, por la superioridad evidente en el juego y por la cantidad de ocasiones que dispuso.
A Míchel no se le vio extremadamente preocupado, aunque sobre el césped se le viera inquieto y sobreexcitado (cosas del directo). "Hoy hemos generado. Hemos tirado poco, aunque 3 de ellas son muy claras. Nos ha faltado calidad y determinación arriba", afirmó. Y son sus últimas declaraciones las más relevantes. Faltó claridad y determinación.
Si Abel Ruiz actúa como '9' y debe ser la máxima referencia ofensiva, lo normal es que no sea él quién debe meter los goles. Es decir, que su naturaleza no es 'enchufar' todos los balones que le lleguen, sino generar esas acciones de ataque y, de vez en cuando, anotarlas. Por ello se espera mucho más de Miovski, por ejemplo, un perfil más 'killer' que el valenciano (26 goles en 53 partidos en la 23/24), quien sigue sin dar con la tecla y continúa con su proceso de adaptación.
LOS NERVIOS JUGARON UNA MALA PASADA
La desesperación jugó una mala pasada. Pasaban los minutos y el gol no llegaba. Y esos nervios se palparon en Yaser, que precisó, sobre todo, de aquel remate a placer tras un centro de Miguel; o en el lateral, que tuvo sangre fría para recortar y hacerse espacio para rematar, pero erró en el disparo. A ambos les faltó la calma y definición propias de un '9'. Y por si fuera poco, los astros tampoco se alinearon cuando Stuani tuvo otra acción clara de gol.

Girona FC VS Rayo Vallecano / EFE
Y la presión, también. Del Girona se espera que, como mínimo, repita la hazaña del año pasado. La plantilla ha sufrido una transformación importante y los engranajes deben ir acoplándose al mecanismo, pero el calendario no da tregua. La carga de partidos pesa y competir en la Champions League pasa factura. Las expectativas son enormes y al Girona no le queda otra que seguir picando piedra. Las sensaciones invitan al optimismo y, ahora, Balaídos debe estar entre ceja y ceja.
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