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El Sporting de Gijón recupera la marcha: goleada 4-1 al Castellón

El equipo rojiblanco recupera la senda del triunfo con un partido redondo en el que destacaron Rosas y Otero, con dos tantos

Resumen, goles y highlights del Real Sporting 4 - 1 CD Castellón de la jornada 30 de LaLiga Hypermotion / LALIGA

Andrés Menéndez

Hay victorias que ensanchan el alma. Estaba cabizbaja la ciudad y el sportinguismo, de bajón por el inestable momento de su club y por la dureza del varapalo en Andorra. Pero el Sporting se levantó –y de qué manera– para completar ante el Castellón una de sus mejores actuaciones de la temporada. Le costó entrar en calor, con media hora de sufrimiento. Pero después sacó todo su arsenal, con un partido de matrícula de Guille Rosas y dos goles de Otero. La goleada (4-1) del equipo rojiblanco dejó tiritando a uno de los gallitos de la categoría. Y lo hizo además jugando un fútbol estupendo.

Hacía tiempo que no vibraba de esta manera El Molinón, que se pasó un buen rato viendo a un equipo que alivió con su fútbol el madrugón de una afición entregada y que se va a la cama feliz. Este lunes es menos lunes en Gijón. La victoria es de un valor incalculable porque el Sporting ganó siendo un conjunto valiente y también consecuente con la etiqueta que todavía le corresponde en esta categoría. Los jugadores dignificaron el escudo y fueron a por un gol y después el siguiente hasta hacerle un destrozo a un Castellón que pagó caro su osadía.

El once fue tan extraño que reventó todas las quinielas. Faltaban dos tenores –Yáñez y Gelabert–. Tampoco estaba de inicio Curbelo, entre algodones durante la semana por un tema de cargas. A veces de las malas situaciones surgen oportunidades. En la vida. Y en este deporte sujeto siempre al escrutinio popular que es el fútbol. Y el batallón de bajas abrió las puertas a Borja Jiménez para competir con tres zagueros y añadir más delanteros sin que nadie se atreva a cuestionar el rol de Gelabert, obligado a ver el partido en la grada de El Molinón tras cumplir ciclo de tarjetas. La idea de jugar en algún momento con defensa de tres (en este caso bajo un sistema 5-2-3) llevaba tiempo retumbando en la cabeza del entrenador del Sporting, sobre todo tras sumar a Oliván y a Cuenca. Pero la puso en marcha ante el Castellón, incluso a costa de recuperar a Kevin Vázquez como central, iniciativa que le duró cuarenta y cinco minutos a Rubén Albés en La Romareda.

El peso del 10 es tan grande que es un ecosistema en sí mismo. Sin Gelabert, el equipo se vio tentado a saltarse el centro del campo para jugar de área a área. El Castellón fue en El Molinón fiel a sí mismo; un equipo de autor, valiente, vertical, que mira siempre portería rival. También –en ocasiones– vulnerable. Los ingredientes propiciaron un partido donde los dos rivales jugaron a tumba descubierta. El partido discurrió a tanta velocidad que obligó a la tecnología a socorrer en varias ocasiones al agobiado colegiado vasco Jon Ander González, incapaz de seguir el ritmo. El VAR puso cordura en una primera parte de puro rock and roll.

Los primeros quince minutos fueron extenuantes, con todos los jugadores mirando hacia delante. Sobre todos los gijoneses, con un ritmo muy agresivo y una vocación que nada tenía que ver con la fatal tarde de Andorra. Casi se requirió por un momento recuperar la pausa de hidratación. El Sporting salió con tal energía que el bueno de Oliván –todo un acierto su fichaje– se pasó de frenada hasta meterse en fuera de juego en una internada que acabó con Guille Rosas celebrando gol por unos segundos. El fuera de juego del lateral izquierdo –este domingo carrilero– no ofreció dudas. La jugada fue un aviso de lo que se venía encima. Iban tan deprisa los asturianos que Ferrari pareció el hijo del viento en una galopada hacia la caseta de Matthys. Alberto le derribó cuando el delantero ya se relamía. El colegiado le enseñó una amarilla que pareció insuficiente para El Molinón. Aquella acción terminó con los momentos de sometimiento del Sporting; a partir de ese momento fue el Castellón quien comenzó a correr.

Volaban los de Pablo Hernández: disfrutaban con espacios los Cipenga, Camara, Cala. No podía contener la zaga gijonesa a un equipo que llega a área en manada. Cala tuvo una ocasión clarísima. Y después fue Camara, un permanente incordio, quien reventó la red. Pero, como le sucedió antes a Rosas, el delantero, que celebró el gol eufórico, tuvo luego que rectificar. En Las Rozas advirtieron a Jon Ander de un fuera de juego posicional de Alberto. El fútbol moderno dejó al Castellón con cara de pocos amigos. Pronto la tecnología les daría mejores noticias.

De nuevo, el VAR llamó al orden. Ahora para advertir de una mano de Pablo Vázquez –sacó los brazos– tras un disparo de Camara. Cala marcó el penalti. Eran los mejores minutos del Castellón. Aunque el panorama pintaba feo, sacó las garras el Sporting, un equipo a veces indescifrable. Los rojiblancos se levantaron como solo lo hacen los grandes. Rosas ganó una acción que parecía morir en tierra de nadie. Y Otero se giró como el mejor de los delanteros para marcar otro golazo. Joel se reveló como un portero de puros reflejos para mantener el empate antes del descanso.

El descanso pareció añadir adrenalina en la ya de por sí estimulada alma de los locales. No necesitó ni cinco minutos el Sporting en darle la vuelta al marcador. El gol –un golazo– llegó como no podía ser de otra manera: de la enésima transición lanzada por Guille Rosas, imparable como carrilero. La vocación ofensiva del canterano alimentó a Ferrari, que completó su notable partido con un gol al primer toque de esos de estar en su sitio que marcan los mejores delanteros. El uruguayo se dejó el alma en esa jugada y quizá más que eso. El remate fue tan forzado que le originó problemas. Ferrari se retiró en camilla dolorido –a la espera de pruebas médicas– y ovacionado por El Molinón. La garra del charrúa es muy reconocida en Gijón, ciudad que aun recuerda a Michael Santos.

El partido aun dio muchas vueltas. El Castellón vendió cara su derrota, incapaz de jugar sin atacar. El atrevimiento “orellut” obligó a los zagueros rojiblancos a sudar y a un permanente estado de ansiedad. Pero aquella manera de entender el deporte también deja grietas. En otro descuido, Dubasin olió sangre y se lanzó a la carrera al área enemiga. Mellot le zancadilleó. El pingüino acabó en el suelo y el defensa expulsado. Ni siquiera los números dan el valor merecido a la fenomenal campaña del delantero. También aporta otros intangibles. Aunque quizá no sea el más elegante del lugar, es una máquina de generar. Aquella acción dejó ya cojo al conjunto de Pablo Hernández. Los orellut mantuvieron su plan y no disimulaban para ir a por el gol, pero el boquete en la trastienda era ya un lujo para dos delanteros que disfrutan a los espacios como los rojiblancos. Una pared entre Duba y Otero remató la faena. El colombiano marcó su doblete para matar el partido y sumar dobles dígitos en su mejor campaña en Mareo: ya van 10 goles y 10 asistencias de un jugador que es bandera de Orlegi y patrimonio del Sporting. Todavía quedaban hitos. Joel sacó otra mano para recuperar valor. Y Pablo García completó la goleada, con un gol que va para su abuelo.

Vía: La Nueva España