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REAL MADRID

Sergio Fábrega analiza el nuevo Bernabéu: "Dudo que envejezca bien"

El arquitecto analiza sin filtros la reforma del estadio y señala sus aciertos, dudas y fracasos

Estadio Santiago Bernabéu

Estadio Santiago Bernabéu / Real Madrid

Mariona Carol

Mariona Carol

La renovación del Santiago Bernabéu tenía un objetivo claro: rebajar el impacto visual que dejó la ampliación de 1988 diseñada por Antonio Lamela, marcada por sus cuatro torres-escalera en las esquinas.

Los estudios 'L35 Architects', 'Ribas & Ribas' y 'gmp Architekten' apostaron por una piel de acero ondulante, capaz de reflejar la luz y transformar la percepción del estadio según la hora del día, además de permitir ventilación e iluminación.

Sin embargo, el arquitecto Sergio Fábrega, fundador del 'estudio Volta_', considera que, aunque la envolvente “suaviza la volumetría”, también genera un contraste mayor con el entorno y funciona como “un mero revestimiento formal”.

Así mismo, reconoce que el estadio se percibe “más permeable, cambiante y vivo”, pero a pie de calle el efecto se diluye: “Suavizar un estadio de este tamaño en plena Castellana es casi imposible”.

¿Más personalidad antes o ahora?

Fábrega no duda en comparar la reforma actual con la obra de Lamela.

Según él, la versión de 1988 tenía un carácter “era más estilo Madrid en el sentido clásico: muy reconocible, muy de estructura y gesto contundente, con un carácter casi brutalista”, lo que le otorgaba una identidad propia y un peso histórico.

El nuevo Bernabéu, en cambio, representa una personalidad del siglo XXI: tecnológica, escenográfica y versátil.

Para el arquitecto, esta estética responde al modelo global de los grandes estadios modernos: “Una identidad propia, sí, pero que podría estar en cualquier parte del mundo”.

El interior, el gran triunfo

Si hay algo que entusiasma a Fábrega es la experiencia interior.

Destaca el videomarcador 360º, que considera mucho más que un simple gadget: “Cambia la lectura espacial del estadio, lo hace más envolvente y contemporáneo”.

Pero su mayor elogio es para el hipogeo y el césped retráctil, que define como “lo más serio del proyecto”.

Para él, esta solución convierte el estadio en un espacio realmente multifuncional sin sacrificar el terreno de juego: “Es ingeniería al servicio del uso real, no un gesto estético”.

Dudas sobre su futuro

Pese a valorar la ambición del proyecto, Fábrega expresa reservas sobre la envolvente exterior.

Cree que, por momentos, cae en una “arquitectura consumible y formalista: muy impactante en imagen, muy dependiente del efecto, pero que dudo que envejezca bien porque la belleza en arquitectura debe ser consecuencia de decisiones eficaces que resuelvan problemas reales o solo estaremos haciendo una escultura gigante”

Recuerda que la belleza arquitectónica debería surgir de decisiones funcionales, no solo de efectos escenográficos, y cita ejemplos como el Guggenheim de Bilbao o la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

El arquitecto concluye con una reflexión clave: El Bernabéu es “brillante como icono”, pero debe demostrar si, a ras de calle, ofrece confort, escala y calidad urbana, o si simplemente impresiona sin acompañar al ciudadano.