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Segunda División

Riazor ruge y disfruta, la efectividad castiga

El Dépor construyó el partido desde la solidez, se soltó la melena con un estadio enérgico y el Málaga salvó un punto en un despiste a balón parado

Mulattieri celebra su gol ante el Málaga

Mulattieri celebra su gol ante el Málaga / Iago Lopez

Xane Silveira

A Coruña

El único remate entre los tres palos del Málaga obtuvo un premio notorio y un castigo excesivo para un Deportivo que construyó primero su partido a través de la solidez defensiva y, después, se desmelenó a lomos del talento de Mario Soriano, la insistencia de Adrià Altimira y el rugir de Riazor. Hidalgo repitió el 5-3-2 que utilizó ante el Córdoba. Traje de gala. Su equipo se hizo fuerte en campo propio y, poco a poco, empezó a estirarse para terminar embotellando al conjunto boquerón.

No fue a buscar al Málaga, que atraía abajo con apenas dos jugadores y luego acosaba la última línea defensiva con un gran número de talentosos. El bloque del Dépor, compacto, solidario, sirvió para poner los cimientos del encuentro. Con la seguridad lograda en área propia, los blanquiazules encontraron la forma de atacar a su rival., incómodo sin balón, con Stoichkov disfrutando de formar cerca de Bil, quien tuvo la suya, y chocó una y otra vez con Montero y Murillo. Trabajo de desgaste para que fuese Samuele Mulattieri quien adelantase al Dépor, en un tramo del duelo en el que Riazor puso el ritmo. Por momentos, excesivo. Hubo algún susto antes del 1-0. La emocionalidad del encuentro empujó al equipo al ataque. No supo cambiar de mentalidad tras el tanto del italiano. Tan buscado. Tan merecido. 19 tiros en total. Seis a portería. Solo uno a guardar. Los mismos que un Málaga que, a balón parado, encontró agua en el desierto. Demasiado fácil para Adrián Niño.