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La resurrección del Real Zaragoza tras el relevo en el banquillo: rey David

Es el primer técnico en más de 60 años que gana sus tres primeros partidos al frente del Zaragoza y acaba con un año y medio sin vencer por dos goles o más y sin dejar la portería a cero dos encuentros seguidos

David Navarro abraza a Hugo Pinilla tras ser sustituido durante el partido ante el Almería.

David Navarro abraza a Hugo Pinilla tras ser sustituido durante el partido ante el Almería. / Jaime Galindo

Jorge Oto

Zaragoza

Menos de dos semanas lleva David Navarro al frente del Real Zaragoza pero, a pesar del corto espacio de tiempo, ya lo cambiado todo: imagen , sensaciones y sobre todo resultados. El equipo aragones es otro desde que el técnico de la casa se hizo con las riendas, en principio, para ejercer como interino, si bien la victoria en Cádiz ejerció de aval para que el club anunciara oficialmente su continuidad hasta final de curso.

Lo que la pareja formada por David Navarro y Néstor Pérez está llevando a cabo se acerca a un fenómeno sobrenatural. El Zaragoza estaba muerto y enterrado (a 8 puntos de la salvación, con el equipo incapaz de ganarle a nadie) pero la SAD, tarde como casi siempre, volvió a perder el tiempo concediendo una semana más de margen a Sellés, absolutamente sobrepasado por la situación y con una sola victoria en doce partidos. Como era más que previsible, todo saltó por los aires tras un nuevo fiasco en casa ante el Burgos. El Zaragoza, colista y hundido, era carne de cañón.

Pero la salida de Sellés y del director deportivo Txema Indias y las llegadas de gente de la casa tanto en los despachos como en el campo han devuelto la vida al Zaragoza y al zaragocismo. Los datos revelan la resurrección de un equipo que, un año y medio después, ha enlazado dos partidos consecutivos sin encajar gol (0-1 en Cádiz y 2-0 contra el Almería). Ese mismo tiempo ha pasado, por cierto. desde la última vez que se logró un triunfo por dos o más goles de diferencia (3-0 al Elche a finales de septiembre de 2024), también con Navarro en el banquillo, entonces como segundo de Víctor Fernández.

Casi tres meses después de aquella victoria, la dimisión de Víctor propició que el actual entrenador del Zaragoza debutara al frente del primer equipo en partido oficial. Y también entonces Navarro llevó al cuadro blanquillo a la victoria (1-0 ante el Racing de Ferrol). De este modo, se convierte en el cuarto técnico en toda la historia del club que consigue ganar los tres primeros partidos que dirige al Zaragoza. Los únicos precedentes son Juanito Ruiz, en 1939; Pedro Eguiluz (1953) y Roque Olsen (1964). Es decir, David Navarro es el primer técnico en más de 60 años que firma el pleno de victorias en sus tres primeros encuentros en el banquillo. Casi nada.

El cambio del cambio

La transformación es tan evidente como, seguramente, inesperada. Tardó tanto el club en tomar decisiones que la llegada de Navarro se antojaba ya una medida envuelta en resignación habida cuenta de que la agónica y crítica situación del equipo casi dejó al técnico de la casa (hasta entonces enlace entre el primer equipo y la Ciudad Deportiva) como la única opción posible tras la negativa de JIM. Pero, en tiempo récord, Navarro lo ha cambiado todo. El Zaragoza es otro en cuerpo y alma, lo que ha supuesto, asimismo, el renacer de una afición que, aun consciente de la dificultad de la situación, vuelve a creer. Y eso, tal y como estaba el patio, es gloria bendita.

De hecho, el renacimiento alcanza también a una grada que el sábado volvió a rugir después de mucho tiempo. El espectacular ambiente que se vivió en el Ibercaja Estadio, en todo caso, fue producto del contagio de energía e intensidad desde un equipo al que, por fin, su gente ya reconoce. Y eso también es mérito absoluto de Navarro y Pérez, perfectos conocedores de la esencia del zaragocismo. De lo que tolera y, sobre todo, lo que no. De lo que quiere y, sobre todo, de lo que aborrece. Es lo que tiene llevar dentro un sentimiento. Ahora, al fin y puede que no sea demasiado tarde, el Real Zaragoza es valiente y honesto. Sin tibiezas ni corsés.

Es encomiable el grado de transformación futbolística de un equipo al que el cuerpo técnico ha modelado a base de sencillez y directrices claras y concisas. Es lo que requiere cualquier intervención a un paciente en estado crítico: pulso firme e ideas claras. Y, bajo esa premisa, Navarro y Pérez han sido directos: corazón y cabeza. Lo primero, fundamental para salir de esta , pero también lo segundo. Porque, como dijo Radovanovic, mas allá del orgullo y amor propio, el Zaragoza, si se salva, lo hará también a base de fútbol. Y también eso se ha recuperado.

Porque el Zaragoza, lejos de la rigidez y las incomprensibles decisiones desde el banquillo de antes. ahora tiene sentido. Ningún jugador fuera de sitio, un 4-4-2 con líneas juntas, bloque medio, presión y repliegue rápido cuando toca y una acertada y rápida reacción desde el banquillo a los movimientos y ajustes del rival.

Ahora, las ayudas llegan más y mejor y, sobre todo, se ataca y genera más y mejor. Nada de excusas con las lesiones y valentía a la hora de recurrir a dos delanteros y a un chaval hambiento como Pinilla. El resultado, con Rober y el canterano con libertad absoluta para escapar del dibujo y moverse entre líneas, es un Zaragoza más dinámico y atrevido que carga el área con más efectivos y que obliga al adversario a extremar más las vigilancias. No todo es defender y amagar con competir con el corsé por bandera. Ahora, el Zaragoza, más cerca de lo que ha sido siempre, defiende también con el balón, un objeto no identificado antes, cuando el único recurso ofensivo era el saque de banda en largo por parte de Francho en busca de El Yamiq, cuya ausencia por lesión, por cierto amenazaba con ser una tragedia pero también eso ha sabido digerir con acierto Navarro, que ha otorgado galones de mando a Insua y Radovanovic en el centro de la zaga de un equipo base sujeto tan solo a pequeñas variaciones en función de salud física, estados de forma o ajustes propiciados por las características del rival.

Vía: El Periódico de Aragón