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Una cuestión de fe que necesitó tres celebraciones

El Dépor vuelve a sacar tres puntos en los últimos minutos cuando parecía que se iban a escapar una vez más en Riazor, donde había una deuda pendiente

Los jugadores del Dépor celebran sobre el césped la victoria

Los jugadores del Dépor celebran sobre el césped la victoria / Iago Lopez

Xane Silveira

A Coruña

Del Dépor de los más de 300 pases, al equipo ahogado que lo pasó mal para llegar a puerto. En un mismo partido, el equipo de Antonio Hidalgo vivió de la verticalidad de Altimira y la claridad de Mario Soriano; y sufrió cuando las piernas no dieron para más. Samuele Mulattieri, tras un espeso segundo tiempo, recogió el testigo de Yeremay, Bil Nsongo o Altimira para convertirse en héroe en el último momento.

Los abrazos a Mario Soriano y Mulattieri al terminar, la piña de todos los jugadores saltando juntos, o las tres veces que Riazor y los futbolistas destejaron el gol del italiano dan fe de las ganas que tiene el Deportivo y el deportivismo por hacer cosas grandes. De ganar y celebrar. Ha vivido tan encorsetado en los últimos meses, con resultados tan agónicos, que cuesta recordar la última vez que el equipo venció disfrutando, sin sufrir. El primer tiempo, no obstante, fue lo más parecido a una gran versión del conjunto coruñés: presionó alto, robó continuado, fue vertical, certero y tuvo posesión. Hasta 328 pases y 12 tiros.

La segunda, la contraposición, el Zaragoza cerró y al equipo le faltaron fuerzas. Volvió Yeremay, que con dos destellos puso en pie a Riazor. Y, al final, el gol, revisado por el VAR y celebrado una y otra vez, llegó de la forma más rudimentaria. Un balón al área, una dejada y un remate potente. El Dépor duerme segundo de nuevo, a prieta al Racing y contiene a Málaga y Almería. Y Riazor fue el 12.

Vía: La Opinión A Coruña