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EUROCOPA 2025

¿Y ahora qué? El Mundial 2027 empieza ya

La derrota en Basilea deja heridas profundas, pero también la certeza de que el camino hacia Brasil empieza con una base sólida y una nueva identidad

La selección femenina regresa a España después de perder la Eurocopa

La selección femenina regresa a España después de perder la Eurocopa / Atlas News

Maria Tikas

Maria Tikas

Basilea, Suiza

La cruel derrota de España en la final de la Eurocopa, en Basilea, se sintió como un puñetazo en el estómago. O, como dijeron algunas jugadoras, un golpe en el esófago. Durante las primeras horas tras el penalti decisivo de Chloe Kelly, el vestuario estaba en estado de shock. Frustración, impotencia… pero también orgullo. Porque dolió, sí, pero dolió porque estuvieron muy cerca. Porque sabían que merecían más.

El lamento se mezclaba con la satisfacción de haber hecho un torneo brillante. España merecía disfrutar esta Eurocopa, porque no pudo hacerlo tras el Mundial, donde lo extradeportivo eclipsó lo deportivo. Ni siquiera tras la Nations League, que ganó con autoridad en Sevilla. Esta vez sí. Esta vez se vio un equipo feliz, sólido, unido. Esta vez se disfrutó del camino, aunque el destino fuese amargo. Desde fuera también se percibió. Durante un mes en Suiza, España fue otra. Más allá del juego —que fue excelente, elogiado incluso por sus rivales—, se reconectó con una afición que, por todo lo que ha pasado en los últimos años, se había desencantado. Volvieron la ilusión, el orgullo, las ganas de volver a sentir que esta selección representa algo más que fútbol.

La prensa internacional preguntó sin cesar por el pasado: por Rubiales, por Vilda, por la ausencia de Jenni Hermoso. Pero ninguna declaración fue más contundente que los hechos. El ambiente dentro del grupo era inmejorable. 23 jugadoras comprometidas, cada una con su rol, dando lo mejor de sí mismas. Una piña. Una selección de verdad. Ejemplos hay muchos: Vicky López, Athenea del Castillo o Adriana Nanclares.

Un respiro el próximo verano

Con la herida aún abierta, es momento de mirar al horizonte. Y preguntarse: ¿y ahora qué? El próximo verano será, por fin, un respiro. Tras cuatro veranos consecutivos con torneos —Eurocopa, Mundial, Juegos Olímpicos, Eurocopa—, y con dos Nations League de por medio, el 2026 ofrecerá una pausa. Una oportunidad de planificar, de construir, de preparar el siguiente gran reto: el Mundial de 2027, en Brasil. Pero para llegar allí con opciones reales, hay que empezar ya. La Eurocopa deja carpetas abiertas y decisiones por tomar. Algunas urgentes. La primera, el banquillo. Montse Tomé acaba contrato en agosto y su continuidad está en el aire, aunque fuentes internas aseguran que la RFEF confía en ella, al menos para la Nations League de este año. Quien ocupe ese puesto, ella u otra persona, tendrá que asumir el liderazgo de un grupo que está en plena madurez, pero que también debe mirar al futuro.

La delantera de España, Vicky López (i), conduce el balón ante la defensora de Inglaterra, Alex Greenwood, durante el encuentro.

La delantera de España, Vicky López (i), conduce el balón ante la defensora de Inglaterra, Alex Greenwood, durante el encuentro. / Ana Escobar / EFE

Toca renovar, refrescar, pero sin romper. Seguir apostando por las jóvenes que ya están —Vicky, Pina, Jana, Salma— y abrir la puerta a nuevas generaciones. Lucía Corrales (Barça), Martina Fernández (Everton) o algunas de las campeonas europeas sub-19 que deberían estar ya en el radar. Pero no basta con llamarlas: hay que darles minutos de calidad, confiar en ellas y permitirles construir relaciones dentro del campo. Las sinergias no se improvisan.

El plan B y el futuro

Otra de las grandes tareas pendientes es mejorar el plan B. En esta Eurocopa, España apenas lo tuvo. Más allá de las citadas Vicky o Athenea, no hubo casi participación de las teóricas suplentes. Lucía García jugó solo tres minutos contra Suiza. Alba Redondo ni debutó. Maite Zubieta, apenas cuatro minutos frente a Italia. Se llevaron cinco delanteras, pero solo jugaron Salma —fuera de posición y poco acertada—, Esther y, puntualmente, Martín-Prieto. Y eso, en un torneo como este, donde los partidos se deciden en detalles, es una carencia.

Inglaterra ganó con sus suplentes: Chloe Kelly, Michelle Agyemang… Jugadoras que salieron a cambiar el partido. España necesita eso. Necesita jugadoras preparadas, activas, enchufadas, convencidas de que pueden ser protagonistas aunque no lo sean de inicio. Y necesita una seleccionadora —o seleccionador— que sepa gestionarlo. El futuro no empieza en Brasil. El futuro empieza ahora. Porque un equipo campeón no se construye en dos meses, ni en una concentración. Se construye con tiempo, con confianza, con trabajo. Se construye aprendiendo de las derrotas como la de Basilea. Y sabiendo que el dolor de hoy puede ser el motor de mañana. España no levantó la copa, pero sí algo mucho más valioso: una identidad. Un estilo. Una conexión con la gente. Ahora toca protegerlo. Y hacer que crezca