Elche CF | Jornada 29
Crónica del Elche-Mallorca: El Elche renace agarrado a la épica
Los franjiverdes remontan un partido que se dirigía al drama y en el que Muriqi falla un penalti en el minuto 91

Elche CF - RCD Mallorca (2 - 1) / Héctor Fuentes
David Marín
Hay veces que tienes que descender hasta lo más profundo de tu infierno para comenzar tu sanación. Ahí se vio el Elche durante cuatro minutos, los que pasaron entre el 0-1 de Pablo Torre y el 1-1 de Rafa Mir. Con Belcebú sentado a su lado, rindiéndole cuentas por el camino tortuoso que los franjiverdes habían tomado durante 2026. La deriva giró hacia la épica, con una remontada completada por Tete Morente y mantenida gracias al infortunio del Mallorca, que falló un penalti en el descuento.
El Elche, por fin, pudo volver a sonreír. Tras once jornadas sin ganar, la conjura de las diez finales empezó con victoria. Se repitieron vicios de estos tres meses, especialmente a nivel defensivo. Y también signos de lo que nunca ha abandonado a este equipo, su capacidad de supervivencia, que esta vez mutó a resiliencia para remontar y ganar. Tres puntos que sacan a los franjiverdes del descenso, zona a la que precisamente devuelven al Mallorca. Y permiten, entre tanta ceniza acumulada durante enero, febrero y casi todo marzo, volver a respirar.
Reaccionó el Elche, cuando peor estaba, a través de Rafa Mir. No fue casualidad. Eder Sarabia devolvió al murciano al área, su hábitat natural, desde donde se puede descolgar... pero nunca encerrarse en la banda, lugar en el que se siente lejos de una portería rival que siempre ha sabido buscar con éxito. Lo hizo en el momento que más lo necesitaba su equipo, amansando un pésimo despeje de Mascarell, introduciendo la pelota con tacto en la portería de Leo Román y poniendo fin a esos cuatro minutos en los que el diablo amenazaba con su tridente a cada uno de miles de franjiverdes que primero se conjugaron y finalmente disfrutaron.
Hasta ese fatídico, en aquel instante, minuto 57 se llegó tras una hora de alternativas, en las que el Elche sufría para contener el ímpetu de Luvumbo y Muriqi, por primera vez, había perdonado a los locales en el primer acto tras una mala acción defensiva. Otra más, como se vieron demasiadas. El debe a seguir corrigiendo por parte de Sarabia en los nueve duelos que quedan por delante.
Antes del 0-1, el Elche había mostrado alguna vez el colmillo, especialmente con la conexión entre Febas y Germán Valera por la izquierda, y un voluntarioso Tete Morente por la derecha. Los tres protagonizarían, más adelante, el culmen del renacimiento franjiverde. Antes tocó sufrir, tras una contra lanzada por Luvumbu, al que Bigas no podía ganar en carrera y le permitió ceder atrás. Allí no apareció, una vez más, ningún centrocampista del Elche. Pablo Torre se hizo dueño de la frontal del área y batió a Dituro con un tiro colocado. El clásico pase a la red.
Aparece Tete Morente
El lamento duró hasta que Mir, oportunista y calmado, equilibró la contienda. Y se convirtió en jolgorio poco después, al celebrar una de esas combinaciones en las que el Elche, que con dos delanteros en el once insistió más que nunca en los centros laterales, volvió a ser el Elche: taconazo de Febas para profundizar sobre Valera, buen centro de este, Mir superado y, tras él, Tete Morente emergiendo, imparable, para cabecear el 2-1.
Quedaban veinte minutos, que acabó siendo media hora, para mantener el resultado. De reojo se miraba también al 3-1, por igualar el golaveraje particular con el Mallorca. Pero lo fundamental, esta vez, era ganar. De repente, el Elche empezó a defender mejor... hasta que de la nada, sin nadie de rojo protestando, Alberola Rojas esprintó hacia la pantalla del VAR. Mal asunto.
Satanás volvió a asomar la cabeza, escondido tras la mencionada pantalla, en el túnel de vestuarios del Martínez Valero. Apuntando con el tridente hacia Dituro, otra vez. El colegiado vio una desafortunada mano de Bigas dentro del área, tan clara como involuntaria, en una situación natural al ir a despejar el balón. Alberola Rojas mandó, otra vez, al Elche dirección al infierno.
Y ahí, en esos tensos segundos que pasan entre portero y lanzador por ver quién aguanta más en un lanzamiento de penalti, Dituro salió vencedor. El aplomo del argentino inquietó a Muriqi, que golpeó mal y lanzó fuera. Había que seguir aguantando... y se resistió. Incluso Petrot se asomó a la posibilidad de equilibrar el golaveraje.
La imagen de los instantes finales comulgaba con la inicial del recibimiento a los jugadores. Futbolistas agotados por el esfuerzo de volver a ganar tres meses después. Aficionados enfervorecidos por la remontada de su equipo. Un renacer épico.
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