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MONEDAS

La curiosa razón por la que las monedas tienen rayas en su canto: culpa de Isaac Newton

Existe un motivo por el que todas las monedas que poseemos presentan estas rayas en su canto.

Isaac Newton y el canto de las monedas

Isaac Newton y el canto de las monedas

Álex Pareja

Álex Pareja

Las rayas en el canto de las monedas, ese detalle al que casi nunca prestamos atención, son en realidad el resultado directo del ingenio de una de las mentes más brillantes de la historia: Isaac Newton. Lo que hoy percibimos como un simple elemento estético nació, en realidad, como una sofisticada medida de seguridad contra la falsificación y el fraude en plena Inglaterra del siglo XVII.

La mente más brillante, también para las monedas

Aunque es conocido mundialmente por sus aportaciones a la física y las matemáticas, Newton también tuvo una faceta mucho menos popular: la de responsable de la Casa de la Moneda británica. Tras una discreta etapa como parlamentario por la Universidad de Cambridge, fue nombrado guardián de la Royal Mint con una misión crucial: convertir la libra en una moneda estable y fiable.

Al llegar a Londres en 1692, se encontró con un panorama alarmante: se calcula que alrededor del 20% de las monedas en circulación eran falsas o manipuladas, un problema enorme para la economía de la época. Así que se le ocurrió una solución muy curiosa para frenar esta tendencia.

En aquel entonces, las monedas de oro y plata no eran idénticas entre sí: había irregularidades en el troquelado según el lugar y el método de fabricación. Los falsificadores aprovecharon esa falta de homogeneidad para aplicar una técnica tan simple como eficaz: limar ligeramente el borde de las monedas para retirar una pequeña cantidad de metal precioso sin que el cambio fuera fácilmente detectable.

Ese metal limado se fundía después para acuñar nuevas piezas o fabricar otros objetos, de modo que, poco a poco, cada moneda auténtica iba perdiendo parte de su valor real. Cuando Isaac Newton percibió este hecho, ideó una curiosa solución.

Newton entendió que el punto débil estaba precisamente en el canto de las monedas, esa zona que nadie miraba pero que los estafadores explotaban sin piedad. Su idea fue tan sencilla como revolucionaria: si se grababan rayas, inscripciones o dibujos en el canto, cualquier intento de limado quedaría inmediatamente a la vista.

A finales del siglo XVII se empezó a aplicar esta innovación, incorporando estrías y textos alrededor del borde de las monedas para hacer imposible este tipo de manipulación. Desde entonces, el canto dejó de ser un espacio neutro para convertirse en un escudo de seguridad que ha llegado prácticamente intacto hasta nuestros días.