Entrevista | Miguel 'Manguelo' Navarro Peleador profesional de artes marciales mixtas
Miguel Navarro, un peleador 'tocado' por la varita de las MMA: "Mi destino es acabar en la UFC”
El peleador alicantino de 23 años se pasó por la redacción de SPORT para repasar su 3-0 como artista marcial profesional, su plan para ser campeón en WAR y sus objetivos a largo plazo en esta disciplina.
‘Manguelo’, para muchos la ‘joya’ más brillante de las MMA españolas, sueña con alcanzar la cima y convertirse en peleador de la UFC, la mejor liga del mundo y en la que Ilia Topuria es doble campeón.
Miguel Navarro (3-0), o “Manguelo”, como muchos le conocen por su faceta dentro de la jaula, es uno de esos atletas tocados por la varita, señalado por muchos como uno de esos talentos de las MMA (siglas en inglés de artes marciales mixtas) a los que se les intuye techo de UFC si mantiene el rumbo. La 'Champions' de este deporte. Su proyección asusta. El nacido en Barcelona y afincado en Alicante desde los 5 años apareció por la redacción de SPORT prácticamente sin deshacer la maleta. Recién aterrizado tras seis semanas en Tailandia, aún con el ritmo del campamento en el cuerpo, se sentó a hablar con la serenidad de todo lo que rodea su aún corta carrera profesional.
Tiene 23 años y, por talento puro, muchos dentro del MMA español le señalan como quizá la mayor promesa del país: un perfil del que se habla “en voz alta” en gimnasios, promotoras y corrillos del sector, con esa mezcla de respeto y expectativa que solo generan los proyectos especiales. Lo que más llama la atención, incluso antes de entrar en resultados o récords, es esa sensación extendida de que va varios pasos por delante de lo que aún refleja su trayectoria profesional. Debutó en profesional en 2025 y ya atesora un 3-0 con 100% de victorias por sumisión.

Miguel Navarro posa en la redacción de SPORT / NIL TORNER
Su récord profesional todavía es corto, pero hay un consenso entre quienes le han visto competir y entrenar: el número no alcanza a describir su nivel real. Sobre todo porque su arma principal —un grappling de élite— está varios peldaños por encima de lo habitual en esta fase de carrera. “Me siento bastante superior”, admite cuando se le pregunta por esa ventaja, y lo dice sin arrogancia: como quien conoce su terreno y sabe lo que hay. A esa base técnica le suma una disciplina que asoma en cada respuesta, casi siempre con la misma idea de fondo: método, paciencia y constancia. En la charla, además, repasa varias claves que marcan su 2026: desde lo que le aporta “testear” su nivel fuera de España, hasta el trabajo psicológico para gestionar presión y expectativas; pasando por el miedo real del peleador, su plan inmediato en WAR, promotora en la que compite y en la que sus entrenadores, Jorge y Agustín, son socios, y la ambición de ir a por el cinturón. Sin olvidar su gran sueño en todo este camino: llegar a la UFC.
Un mes entre los mejores del mundo
Navarro explica que Tailandia no es un capricho ni un viaje de escaparate. Es un examen. “He estado seis semanas… entrenando con gente de las mejores ligas del mundo y probándome con gente de todos lados”, resume. Es el tercer año que repite, y eso dice mucho: cuando algo te ordena la cabeza y te mejora, se convierte en hábito. La idea en la que más insiste es simple y poderosa: ir allí le sirve para “testear tu nivel”, ponerse a prueba en un ecosistema que no te conoce y no te regala nada. “En el Climent hay mucho nivel, pero al final te rodeas siempre un poco con las mismas personas… no es lo mismo que irte para allá, que hay gente literalmente de todas las partes del mundo: daguestaníes, rusos, kazajos, ingleses, franceses…”, explica.

Richardson, Picó, Mangueló y Santana entrenando en Tailandia / MANGUELO / INSTAGRAM
También marca una diferencia esencial entre ambos contextos: en Tailandia “eres uno más”. No hay el mismo trato personalizado, ni el entorno “de casa”. “Allí hay 40, 50, 60 peleadores profesionales… entonces al final eres uno más”, cuenta. Y aunque lo valora como parte del reto, no lo idealiza: “No me gusta del todo esto, pero allí todos los días es sparring”. Lo contrapone a una estructura semanal más controlada en Alicante, donde siente que puede “estudiar más” con su equipo, repartir cargas y ajustar el trabajo con cabeza.
El “ajedrez humano” de Manguelo
Si hay un hilo conductor en la entrevista es su identidad como grappler. Navarro viene del judo, del agarre, de una vida entera en disciplinas donde el detalle lo es todo. Y lo resume con una frase que define su manera de entender el combate: “El grappling es un ajedrez humano”. No lo dice como eslogan: lo explica. “Importa cada pequeño detalle, cada movimiento que hagas”, insiste, y ahí se entiende por qué su juego en el suelo también es lectura y precisión. A nadie le sorprende que sus tres triunfos profesionales hayan acabado en el primer asalto por técnicas de estrangulamiento: un triángulo de brazo en su debut, una anaconda choke ante Miquel López y hace dos meses una guillotina muy bien ejecutada en WAR 8.

Un sonriente Miguel Navarro posa en el plató de SPORT / NIL TORNER
Cuando se le pregunta si se siente por encima del resto en ese aspecto, no juega a la falsa modestia. “No sé si está bien que lo diga yo, pero realmente sí… me siento bastante superior a personas que me puedo cruzar ahora mismo al inicio de mi carrera”. Y añade una frase que explica por qué, según él, muchas peleas cuestan tanto de cerrar en el matchmaking: “Va a estar muy complicado que alguien esté a mi nivel en el grappling”. De hecho, reconoce abiertamente el reverso de esa ventaja: “No sabes la cantidad de personas que me rechazan las peleas… un montón”. Lo dice sin victimismo; incluso lo interpreta como señal de respeto. “Me halaga porque consideran que soy una pelea difícil… es parte del juego, el matchmaking”.
Describe dos caminos hacia la finalización: el de las sumisiones que “ya ves el hueco desde antes” y “las vas trabajando”, y el de las que “simplemente aparecen” y hay que aprovechar en décimas. Pone de ejemplo su última finalización: “Lo llevo contra la jaula… él se me quiere poner de pie, cuando se pone de pie me aparece el cuello y yo lo cojo rápido y se acaba la pelea”.
Factor psicógico
Ser señalado como “la gran promesa” tiene una cara buena y otra que desgasta. Navarro no evita el tema. Reconoce que la presión existe y, lo más interesante, que la necesita: “La presión existe y es buena… es parte del juego”. Incluso deja una frase que suena a lema, pero que él usa como idea de trabajo: “La presión crea los diamantes”.

Manguelo sumó otro triunfo en WAR 8 / WAR
Lo valioso es que no se queda en la frase, sino que explica el método. Cuenta que trabaja con un psicólogo deportivo y detalla una herramienta concreta: un audio de visualización guiada de 15-20 minutos, donde recrean su día de pelea, escenarios, sensaciones, vestuario. “Creamos como un audio… él va dictando cómo va a ser mi día, qué situación voy a sentir, con quién voy a estar… y luego él me lo envía”. Lo escucha de forma recurrente y, cuando llega el evento, siente que ya lo vivió. “Llega el día de la pelea y lo has vivido antes… todo en tu mente ya”.
Cuando sale el tema del miedo, su enfoque vuelve a ser adulto: “La gente se piensa que es al dolor… eso no nos preocupa. La cosa es perder”. Asume que el cero algún día caerá, porque “es imposible practicar un deporte y no perder nunca”, pero no lo vive como amenaza. “Cuando llegue el momento de que pierda una pelea, estoy preparado”, dice, y lo apoya en su experiencia previa: ha perdido en grappling, judo y amateur, y eso le enseñó a convivir con el resultado sin que le rompa el camino.
El cinturón de WAR es el plan para 2026
En su hoja de ruta inmediata, Navarro es directo: “Voy a estar peleando en abril”, en WAR 9. Y desde ahí, su 2026 se plantea como un año de volumen y pasos medidos, sin saltarse pantallas. “Este año me gustaría hacer tres peleas… por lo que tengo apalabrado va a ser así”, explica. La ambición, sin embargo, es clara y concreta: “Mi plan perfecto es ganar en abril, pelear por el cinturón y conseguirlo en septiembre y, a final de año, defenderlo en una pelea que la gente quiera ver. Por ejemplo, me gustaría ante Oriol Arenas, que tiene buen récord y creo que sería una buena piedra en el camino. Le tengo respeto y tan solo quiero demostrar que mis habilidades son mejores. Quiero hacer peleas que la gente quiera ver en España… y cruces interesantes”, comenta.

Miguel charla junto a un servidor y el subdirector del Diario SPORT, Albert Masnou / NIL TORNER
Cuando le preguntan por cómo organizaría su carrera, dibuja un plan con lógica: “Ahora mismo lo que estoy pensando es en convertirme en campeón de WAR… hacer quizá seis o siete peleas ahí y luego ver qué se me propone”. Habla de “sentarme con los managers” y evaluar opciones, pero sin ansiedad, sin el discurso de las prisas. “A largo plazo no sé cómo se van a ir desarrollando las cosas… pero como yo visualizo mi carrera es así”. Preguntado por saltar a grandes ligas de Europa como PFL, que aterriza ahora por primera vez en España el 20 de marzo, o Cage Warriors, otra de las empresas líderes en Europa, prefiere no cerrar puertas.
UFC como horizonte
La UFC, la mejor liga del mundo, aparece en la conversación de forma natural, como aparece en la cabeza de cualquier prospecto serio. En el caso de Manguelo, no hay dudas: “Llevo soñando con la UFC muchos años… estoy seguro de que es mi destino acabar en la UFC”. Lo dice con un convencimiento muy marcado, aunque sin disfrazar la dificultad: “No es nada fácil, es la élite de las artes marciales mixtas”.
Esa mezcla de ambición y realismo es uno de los puntos más interesantes de su discurso. No se queda en el “quiero llegar”, sino que intenta explicar por qué cree que su camino es coherente. “Creo que estoy en el camino correcto”, asegura, y le da contexto desde el lugar donde se forma: “Estoy en uno de los mejores gimnasios de Europa… tenemos un doble campeón de la UFC”. Para él, el entorno no es un detalle: es una herramienta. “Dime de quién te rodeas y te diré quién eres”, suelta, y es que 'Manguelo' no podría estar mejor rodeado. Además de los Topuria, que ya no entrenan pero se formaron en el Climent, el alicantino comparte cada día tatami con Pepe Torres, a un corto aviso de entrar en UFC, Salah Hamli, campeón de PFL Mena, Franco Tenaglia, campeón de BKFC y miembro de PFL, sus dos amigos Daniel Richardson y Luis Picó, con futuro brillante, y muchos más...

Un joven Miguel Navarro practica sus primeras clases de judo / ANTONIO NAVARRO
También deja claro que su evolución no se limita a su zona de confort. Sabe que su base está en el suelo, pero insiste en que hay un trabajo paralelo para completar el paquete. “Entrenando me siento muy bien y las mejoras en el striking son muy notables”, comenta, y lo remata con una idea que encaja con su personalidad: “Lo que importa es que yo tengo esas habilidades dentro de mí y cuando tengan que salir, saldrán”. Incluso reconoce una espinita que le motiva: “Sí, me gustaría… ese primer knockout profesional”. Desde hace varios meses está puliendo su boxeo y muchas de esas sesiones las hace con sus dos amigos Costello y Gino Van Stennis, peleadores de PFL y el primero de ellos campeón del peso medio.
Sumar peleas, consolidarse, tocar el cinturón, y seguir puliendo lo que aún no se ve tanto en su récord. Sin prisas, pero con una dirección fija: “Mi objetivo final es la UFC”.
La historia de base: judo, adaptación y una rutina de profesional
Parte de su seguridad se explica por su origen. Viene del judo y de una familia vinculada al tatami, y eso le dio una base competitiva temprana. Su padre, también presente en la redacción de SPORT en el momento de la entrevista, explica a este medio cómo introdujo a su hijo al judo desde los 5 años, practicándolo juntos y estrechando lazos. Al hablar de la transición a las MMA, deja un apunte técnico que revela inteligencia: no todo lo que funciona en judo funciona en jaula. “En judo hay derribos cediendo la espalda… quedas por abajo y no pasa nada. En MMA eso no es transferible… hay que quitar eso de tu cuerpo”. Es decir: talento sí, pero adaptación y humildad para reprogramar hábitos.
Y cuando describe su vida como profesional en España, vuelve a lo esencial: rutina. “Entrenar, comer, dormir y repetir”. Dos sesiones al día y descanso como parte del trabajo. Esa normalidad —casi aburrida— es la que suele acompañar a los que llegan lejos, porque ahí no hay magia: hay repetición, disciplina y un objetivo que se construye semana a semana.
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