PATINAJE
Katarina Witt, el orgullo sobre hielo de Alemania Oriental: "No pensaba en mis límites, simplemente los superaba"
La patinadora, que ganó dos medallas de oro en los JJOO, fue conocida como "la cara más bella del socialismo germano", quien le dio privilegios, pero también le espió durante años, como refleja un expediente de más de 3.000 páginas

La patinadora alemana Katarina Witt, después de ganar el oro con 'Carmen' en los JJOO de Calgary 1988. / OLYMPICS

Katarina Witt (Falkensee, República Democrática Alemania, 1965) ha sido siempre protagonista de su propia historia. Un relato nacido en la disciplina de la República Democrática Alemana, donde fue la niña ejemplo que triunfó en los JJOO de Sarajevo y Calgary. Una mujer modelo, a la que el pueblo adoraba. Mientras recibía exenciones como poder tener un Volkswagen Golf, era vigilada de cera por la Stasi, la implacable policía de Alemania Oriental.
Y a pesar de todo, la suya, una vida sin límites, desde la firme militancia en las organizaciones juveniles socialistas hasta ser portada de Playboy, liberándose de las ataduras que nunca tuvo en la pista de hielo. Ahí fue siempre un espíritu incontenible que sus entrenadores fueron moldeando desde que tenía 11 años. Fue protagonista de una Guerra Fría que le llevó a ser adorada y espiada por el mismo bando, el suyo, que elaboró un expediente de más de 3.000 folios que terminó desclasificándose.
Aunque sus verdadera rival fue Debie Thomas, la apuesta de los EEUU, a la que ganó en otra guerra cruda, la de 'las Cármenes', pues en Calgary, ambas contendientes escogieron la misma ópera de Bizet para enfrentarse. Cuatro mundiales y una fortuna que llegó a ser millonaria incluso antes de la caída del Muro de Berlín y de pasarse a Hollywood, donde protagonizó varias películas y anuncios de Coca-Cola.
Las dos caras del sistema que reflejó en su novela 'Solo por pasión'. Antes era el mundo quien se preocupaba de su destino, ahora es ella la que mira con preocupación al planeta, desde una profunda conciencia ecologista. Como si las pistas en las que brilló se estuvieran descomponiendo bajo el peso implacable de las cuchillas de unos patines que cortaron la inmensa presión que tuvo que soportar.

Katarina Witt, segunda por la izquierda, durante la presentación de los Premios Laureus. / RODRIGO JIMÉNEZ / EFE
¿Cómo la infancia de Katarina Witt? Un talento precoz que, desde muy pronto, atrajo todas las miradas.
Mira, mi infancia fue maravillosa. Tuve unos padres que me apoyaron en todo lo que quería y me dieron un gran apoyo. Además, tener una pasión desde muy joven fue algo magnífico para mí. Fue como un 'flash': me topé con el patinaje artístico y descubrí que me encantaba ese deporte. Tuve además una gran oportunidad en esa época en Alemania del Este. Teníamos unos excelentes entrenadores y un sistema que apoya por completo a los atletas. Pero al final, sabías que tenías que trabajar duro para convertirte en campeón. Lo tenías muy claro. Nada funciona si trabajo, trabajo, trabajo, trabajo, trabajo y... ¡más trabajo!
Tanto tiempo conviviendo con la presión y el esfuerzo, ¿no te sentiste desbordada en algún momento?
Creo que es algo a lo que te acostumbras. Una presión inmensa. Considero que somos capaces de manejer muchas más cosas de las que pensamos. Sobre todo cuando eres joven. Ahí ni siquiera sabes dónde está el límite. Hasta que lo alcanzas y lo superas una y otra vez. Por eso creo que, realmente, llegas a ser un atleta de clase mundial cuando eres joven. Porque ahí no piensas en cuánto superas tus propios límites. Simplemente lo haces. Algo que a mi edad (59 años) me pienso dos veces. Ahora soy mucho más responsable. Por eso también es importante que existe un sistema que te proteja y un entrenador que sea capaz de llevarte al límite, pero que al mismo tiempo sea responsable y no se exceda.
Pero, ¿no considera la que fue una niña prodigio que hoy aun vamos más rápido? Con casos como el de Lamine Yamal, por ejemplo.
Realmente, son ejemplos difíciles de comparar. Para Lamine, es la presión normal con la que tiene que cumplir. Es decir, se trata de algo metódico y, en cierto modo, tiene que ver con la profesión. Se trata de: tanto dinero ganas, tanto vales. En nuestra época había una gran diferencia. Teníamos la Guerra Fría y eso suponía una enorme presión política. Algo completamente diferente. Pero creo que la presión es buena, es parte del deporte y de convertirse en un atleta de talla mundial, o un pianista, pintor o científico de gran renombre. Es solo cuestión de cómo se manejan los tiempos.
Entonces, ¿hasta qué punto debemos exigirles metas a corto plazo a todos esos talentos?
Tenemos que ser más comprensivos con ciertas situaciones. Quien gana una vez no siempre puede hacerlo una y otra vez. Por eso nos encantan los atletas que demuestran ser intensos. Sin embargo, si tú sigues el tenis, hay estrellas que, durante una década, verás ascender, caer y regresar de nuevo. Eso es parte de su historia. Se trata de pensar: ¿esa persona da lo mejor de sí o te da igual? Por supuesto que no hay atletas a los que les importe perder. A veces hay demasiada presión en los medios. Los deportistas soportan las críticas, pero sí son bien formuladas y merecidas. Por supuesto, como las que soporta un jugador que vale 1.000 millones en el campo y es incapaz de correr. Ahí tienen sentido.
Y con toda esa presión con la que lidiaste en la RDA y el contexto de la Guerra Fría fuiste capaz de ganar dos oros en los JJOO de Sarajevo 1984 y Calgary 1988.
El mayor objetivo en la vida de un atleta son los Juegos Olímpicos. No hay nada parecido a estar en un escenario olímpico. Y en mi caso, ya sabes, no iba a participar, iba a ganar. Puedes preguntarle a cualquier atleta olímpico que haya pasado por esto. Es el momento culminante de tu carrera.
Mantuviste una durísima batalla con Debi Thomas, tu 'nemesis' de EEUU, a la que ganasta en los JJOO de Calgary en la 'Batalla de las Cármenes', cuando ambas escogisteis el mismo repertorio para defender en la pista de hielo.
Respecto a las rivales, siempre hubo un gran respeto mutuo, porque sabes exactamente por lo que está pasando la otra competidora. Sabes lo duro que es entrenar y las dificultades que afronta. Sabes las lesiones que pueden ocurrir y las barreras que superas. Conoces los sacrificios que todos hacemos. Por lo que hay un entendimiento mutuo y respeto total. Eso es lo bueno del deporte, que eres capaz de valorar y reconocer al otro cuando ha sido mejor que tú. Simplemente lo sabes y lo aceptas. Me ha ganado, sí, pero la próxima vez que yo tenga una oportunidad haré lo mejor que sea posible para poder vencer.
Mirando hacia trás, después de tantos éxitos, batallas y momentos célebres, desde el deporte al cine, ¿sientes más orgullo o nostalgia?
Es una buena pregunta. No soy nada nostálgica, ¿sabes? Me siento muy afortunada de haber tenido la oportunidad de haber vivido todo esto. Y de haber tenido todas las oportunidades que me fueron brindando y que aproveché. Orgullo, mucho, y que sigue creciendo. Sobre todo cuando te encuentras en una cita como los Laureus, rodeada de leyendas. Sabes que eres parte de ellas. Todas han pasado por lo mismo que tú. Sientes orgullo por lo que pudiste aportar a tu deporte.
La última: ¿qué le hace sentir más viva a Katarina Witt en la actualidad?
Lo que me hace sentir más viva en la actualidad es cuando me rodeo de personas que piensan a mi nivel. Hace poco estuve en el Mundial de Patinaje Artístico de Boston. Solo el hecho de estar allí y ver a todos esos jóvenes atletas esforzándose por alcanzar lo mejor... ¡Me hizo sentirme cómoda de nuevo! En muchos sentidos estamos rodeados de normalidad, por gente que busca el máximo resultado con menos. Pero me siento más cómoda con la gente que se supera. Eso me hace sentir realmente viva. Personas que tienen pasión por lo que hacen, que luchan y que también son capaces de hacer renunciadas. Sacrificarse por aquello que les hace respirar. Este es mi mundo, el de los que siempre dan lo mejor de sí mismos.
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