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Entrevista

Carmen Amoraga, escritora: "sin memoria no somos nadie"

‘La memoria infiel’ es la décima novela de Carmen Amoraga, un relato familiar sobre la doble moral de la precariedad. Entró en política recién ganado el premio Nadal y ahora vuelve a la pelea para hacerse un hueco entre los lectores.

Carmen Amoraga en la cantina del metro de Picanya.

Carmen Amoraga en la cantina del metro de Picanya. / Fernando Bustamante

Joan Carles Martí

Valencia

Abril 2020, se despierta en medio de la noche y escribe veinte páginas.

Ahí se despierta una chispa que germinó mucho antes. Una escritora siempre está a la caza de sensaciones.

Llevaba cinco años sin escribir. 

Sí, desde que entré en política. Era una cuestión de incapacidad de desconectar para ponerme a escribir. En mi núcleo familiar estábamos bien esa noche de pandemia y encontré la tranquilidad para escribirla de un tirón.

Siempre ha escrito rápido.

Sí, pero no tan rápido. Fue un borrador y luego en octubre empecé a escribir lo que luego fue El corazón imprudente. Cuando comuniqué que no quería continuar en el cargo, me sentí libre para empezar a mover las dos novelas para publicarlas. La editorial decidió que primero saliese El corazón imprudente y luego La memoria infiel. 

¿Por qué no quiso publicar mientras era directora general de Cultura de la Generalitat Valenciana?

Publiqué Basta con vivir porque ya la tenía firmada, aunque no hice promoción porque no me parecía ético gestionar políticas que tenían que ver con el libro e ir a librerías y bibliotecas, porque a unas así y a otras no… Preferí cortar por lo sano.

Eso no es muy habitual. 

Debería serlo. No puedo obligar a los demás a que lo hagan, pero prefiero ser coherente.

¿‘Memoria infiel’ es la novela más coral?

Todas mis novelas son muy corales, con un par de protagonistas principales y luego otros personajes que son instrumentos habilitantes para que la historia vaya avanzando.

¿La más social?

Es verdad que en esta novela hay más contenido social. Una novela siempre se resume en la frase que a alguien le pasa algo y después ya no es la misma persona. Al final la literatura es una fotografía de la vida corregida y mejorada. No soy la misma persona a los 55 años, que a los 40, que a los 35. En esta última etapa de mi vida, lo social me ha interesado muchísimo más que antes.

La coprotagonista de la novela dice que su madre nunca le dijo "te quiero". 

La novela se sostiene sobre dos pilares. Uno es la familia y otro es la memoria. Cuando supe que iba a ser madre, dije que iba a intentar aportar algo para que en el mundo en el que se van a criar mis hijas sea un poco mejor. Cuando estuve en la Bienal de Venecia vi una cabaña que desde fuera era preciosa. Desde las ventanas toda la casa era fantástica, pero no podías entrar porque dentro de la casa estaba diluviando. Siempre había pensado que los interiores de las casas, y de las personas, eran refugios, pero cuando vi esa instalación empecé a pensar que muchas veces los interiores de las casas, de las personas, son la intemperie. 

Carmen Amoraga.

Carmen Amoraga. / Fernando Bustamante

¿Cómo en la novela?

A partir de ese momento empecé a interesarme por esos hogares que no son un refugio, sino que te abocan a la vida sin suelo. Mientras escribía he conocido a muchísimas personas a las que sus padres no les han pegado, pero , sin embargo, les han provocado una herida que la ha acompañado toda la vida en cada decisión que han tomado, que normalmente son las malas decisiones. 

¿Todas las decisiones malas que tomamos tienen origen en la familia?

Lo único que tenemos que pedir a la familia es que nos quiera. 

Podemos separarnos de nuestras parejas, pero no de nuestras familias.

También podemos separarnos de nuestras familias. No hablo de que la familia tenga que sostenerte y ayudarte, si lo hace fenomenal. A la familia hay que pedirte lo básico, que te quiera.

¿Eso es difícil?

Ana y Salomé, las protagonistas, constituyen una pequeña familia. La herida de Salomé y la enfermedad de Ana hacen que una no sea buena madre, y la otra no sea buena hija.

Estamos en la cantina del metro de Picanya, que sale en la novela. 

Desde El rayo dormido, todas mis novelas transcurren en un pueblo que se llama Miraval, pero que es Picanya. La novela la escribí con mi madre al lado, mientras ella cosía y yo escribía. En la novela salgo yo…, son pequeños guiños. Aunque no es una novela autobiográfica, ni siquiera de autoficción. 

¿Ha pasado el duelo de dejar la política

Sí, porque además fue una separación pactada. Entré en política con fecha de caducidad, soy contraria a que los políticos se perpetúen en los cargos.

¿De qué está más satisfecha? 

Dar la visibilidad que no tenía al monasterio de San Miguel de los Reyes, abriéndolo a la ciudadanía con música, teatro y memoria. Que los escritores valencianos fueran por primera vez a la Feria Internacional del Libro de Frankfurt; y poner las bases para desarrollar una política patrimonial en todo el territorio.

¿Lo peor? 

Algunas decepciones personales, y no haber podido hacer todo lo que hubiéramos querido, se nos quedaron cosas por hacer.

¿El mundo de la cultura siempre está con "¿qué hay de lo mío?" 

La administración está para sostener a los sectores que requieren ayuda, y el mundo de la cultura es muy precario. 

¿La memoria siempre es infiel? 

Los recuerdos siempre son de forma distintas, pero a nuestro favor, para hacernos quedar mejor. La novela que se titula La memoria infiel durante un periodo muy breve de tiempo se tituló ‘De memoria’, porque a veces repites una lección que has aprendido y no sabes realmente ni lo que quiere decir, pero la repites porque te las he aprendido de memoria.

¿Es más fácil comprender que perdonar? 

Perdonar es un concepto como muy cristiano, y es difícil perdonar, porque el cuerpo tiene memoria. Me gusta esa frase de Maya Angelou sobre que podrás olvidar lo que te dijo, podrás olvidar lo que te ha hecho, pero no olvidarás lo que te ha hecho sentir.

¿Sin memoria no somos nada? 

Sin memoria no somos nadie.

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Vía: Levante - EMV