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Una muerte y un sueño: Júnior Santos, de albañil a goleador de la Libertadores

El ariete de 30 años fue el máximo artillero del certamen continental que ganó Botafogo. Hace siete años trabajaba en la obra, pero su padre le insistió para pelear por su sueño... aunque no pudo verle en lo más alto

Júnior Santos de Botafogo celebra su gol en Buenos Aires

Júnior Santos de Botafogo celebra su gol en Buenos Aires / EFE

Sebastián Vargas Rozo

Sebastián Vargas Rozo

A sus 23 años, Jamie Vardy empleaba sus días como operario de una fábrica de férulas. A los 29 se coronó campeón de la Premier League con el Leicester City en una historia de hadas que parecía irrepetible. Era el ejemplo perfecto del sueño tardío, el futbolista que nunca deja de confiar en sus posibilidades. Como Júnior Santos, el brasileño que recién se convirtió en profesional a los 22 y hoy, a los 30, es goleador y campeón de la Copa Libertadores.

Uno de los héroes de la gloriosa campaña del Botafogo fue el delantero de 30 años, autor de diez goles en el torneo, el último en la gran final ante Atletico Mineiro para sellar la victoria por 3-1 del equipo de Artur Jorge. Más épico se hace al advertir que el futbolista baiano no hizo categorías inferiores y parecía llegar tarde a la cita con el profesionalismo.

Nacido en la pequeña ciudad de Conceição do Jacuípe, en Bahía, se mudó a Salvador, la capital del estado, a los 20 años para ganarse la vida. Después de trabajar como camarero, encontró trabajo como albañil y jugaba al fútbol los fines de semana sólo por diversión. Sin embargo, empezó a ganar protagonismo en equipos amateurs y a recibir pagos por sus actuaciones.

"Llegaba a ganar hasta tres mil reales al mes (unos 470 euros) e incluso renuncié a mi trabajo de albañil; ya no quería mezclar cemento, solo jugar", dijo a 'Globo Esporte'. El siguiente paso fue buscar una carrera profesional y para ello pasó al Osvaldo Cruz de la cuarta división del Campeonato Paulista, donde una llamada telefónica con su padre cambió su vida.

LA ADVERTENCIA QUE CAMBIÓ TODO

"Estaba pensando en rendirme, las cosas estaban muy difíciles. Mis dos hijos estaban en Bahía. Un día llamé a mi padre y le dije que iba a volver. Para alguien del interior, Sao Paulo y Río de Janeiro son como otro mundo; uno nunca imagina salir para venir a la gran ciudad. Pero mi padre dijo que, si regresaba, nunca volvería a hablar con él".

Entonces inisistió con el sueño hasta conocer a su actual agente, Edivaldo Ferraz, quien le organizó una prueba en el Ituano, que también estaba en la cuarta división brasileña. Allí se quedó y el resto es historia. Ascendió de categoría jugando en Ponte Preta y Fortaleza, y tras una etapa en Japón, fichó por el Botafogo, donde se convirtió en una figura clave con Luís Castro y, ahora, con Artur Jorge. Esta temporada ya ha marcado 20 goles en 48 partidos.

DEDICADO A SU MEMORIA

Este ex albañil ya tiene una medalla de campeón continental y ahora aspira a sumar un Brasileirao. Todo en memoria de su padre, cuya muerte le dejó marcado para siempre: "Desafortunadamente, mientras estaba haciendo pruebas en Ituano, mi padre sufrió un derrame cerebral y perdió la memoria; nunca pudo presenciar mi éxito, nunca me vio convertirme en jugador de fútbol. Un año después, falleció. Ojalá me hubiera visto. Siempre me emociono cuando lo recuerdo porque fue muy difícil, a pesar del sufrimiento que pasé, estoy muy feliz".

Botafogo tiene ahora dos partidos por delante, contra Inter de Porto Alegre y Sao Paulo, para garantizar el título de campeón (son líderes con tres puntos de ventaja sobre Palmeiras). Sería un doblete, la confirmación de su sueño más grande y la mejor dedicatoria al recuerdo del 'pai' que siempre confió.