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Leo fue el hilo conductor de otro revolcón histórico al Madrid

Messi provoca el estupor del Bernabéu y angustia a Cristiano

'La Pulga' volvió a ofrecer una nueva exhibición histórica en el Bernabéu. Ronaldo apenas entró en juego en un Madrid abrumado por el 'Pep Team'

Dídac Peyret

¿Qué demonios le pasa por la cabeza al rosarino con el '10' en la espalda? ¿Qué extrañas operaciones mentales se suceden en su cerebro para hacer una cosa cuando se adivina lógico lo contrario? Ni siquiera los argentinos, expertos en turbulencias interiores, descifran al genio. Mucho menos los defensas, que parecen autómatas, tipos pusilánimes rendidos a un desenlace inexorable.

Lo sabe el Bernabéu, el escenario preferido de Leo para reivindicarse como un escogido, un jugador histórico, leyenda pura. Lo sabe Cristiano, que ayer se encogió a la jerarquía de Puyol, primero, y terminó con los brazos en jarra, incapaz de responder al espectáculo de 'La Pulga'.

Las actuaciones del argentino en la casa blanca se han convertido en un clásico del fútbol moderno. Deberían ser de visionado obligatorio para las generaciones venideras. Ayer no marcó pero dio igual, porque se merendó al Madrid y dejo al Bernabéu en un estado de estupor. En cada acción desarboló al Madrid, pues no hay otra futbolista que genere tanta atracción. En cada conducción juntó a seis rivales y el conjunto blanco se descosía. La escena se repetía una y otra vez. Messi recibía en una zona invisible para los centrales y se convertía en un contrapunto al 'tran-tran' del equipo. Puro vértigo.

Así fue la carta de presentación del argentino en el clásico. Recibió lejos del área, le puso el pincho, frenó en seco y se arrancó en un eslalon demoledor eliminando a todos los rivales. Luego busco el palo largo y se encontró con Casillas. Corría el minuto seis.

Cada vez que tocaba el balón agitaba el partido. Cada vez que se conectaba al juego, el miedo era visible en las piernas de los jugadores blancos y en las caras de la afición. El Bernabéu asistió a dos partidos: el que jugaron 21 tipos muy buenos en lo suyo y el que jugó Leo. Un extraterrestre. Autor de actos inexplicables. Por supuesto tuvo cómplices de gran nivel. Junto a Iniesta y Xavi formó un triángulo maravilloso. De nuevo un puzzle indescifrable para el Madrid. De nuevo volvió el rondo, una suerte de fútbol poco corriente en un Bernabéu habituado al vértigo y el nervio, incómodo con el fútbol contemplativo azulgrana. Cristiano esta vez fue menos Cristiano que nunca. Ni siquiera dio signos de frustración. Esta vez no hubo aspavientos. Ni rastro del 'tsnuami' que devora récords. Sencillamente no hubo noticias del que dicen persigue ser el mejor del mundo. Si a caso una ocasión que no acertó en un remate franco tras una espléndida asistencia de Benzema.

Al portugués se le esperaba ayer. El escenario era, desde luego, el más jugoso para él. Ante Messi. Contra el Barcelona. Con los suyos. En el Bernabéu. Pero a Cristiano le sienta mal el conjunto azulgrana y le angustia la comparación con Messi. Ayer no salió en la foto. Pasó desapercibido, destemplado por Puyol, de nuevo Puyol, el gran capitán 'volvió' a lo grande.

Leo persiguió el gol hasta el final sin suerte. Poco importó, de nuevo victoria en el Bernabéu. Otra vez un baile histórico. Con Messi en el campo ocurren cosas inexplicables como convertir a Casillas, un meta de leyenda, en el más goleado del Madrid en la historia de los clásicos. Así es La Pulga.