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TOUR VINTAGE

Ganar 'a lo Walkowiak', cuando conquistar el Tour es una maldición: "Nadie sabe cuánto sufrí"

El Tour de 1956 es recordado por tener al ganador más imprevisto de la historia, un francés hijo de polacos, ninguneado por la prensa y que ni antes ni después volvió a saborear la gloria

Walkowiak, ganador del Tour de 1956

Walkowiak, ganador del Tour de 1956

Javier Giraldo

Javier Giraldo

"Nunca hablo de aquello, ni siquiera con mi mujer. Nadie sabe cuánto sufrí. Ojalá nunca hubiese ganado". 

Quien habla es un ganador del Tour, francés hijo de migrantes polacos para quien el maillot amarillo en el podio de París se convirtió en una tortura. ¿Cómo pudo ser?

Ocurrió en 1956: a la salida de aquella edición del Tour faltaron nombres ilustres. Por diversas razones (lesiones o ajustes en el calendario de competición) Bobet, Coppi, Bartali o Koblet no están en la salida de la primera etapa, pero otros grandes candidatos sí que comparecieron en la salida de Reims, como Charly Gaul, Bahamontes o Nencini. Los tres, por cierto, ganarían el Tour años más tarde; en 1958, 1959 y 1960, respectivamente.

Pero no en 1956. Porque 1956 fue el año de un desconocido, Roger Walkowiak, nacido en Montluçon, en el corazón de Francia, hijo de un minero polaco. 

Ciclista anónimo, de esos que rellenan el pelotón y nunca salen en las portadas, se presentó en la primera etapa casi de casualidad, para rellenar el hueco que había dejado en el equipo Centro-Nordeste (uno de los equipos regionales) Gilbert Bauvin, ascendido al equipo nacional. 

Y sin embargo, Walkowiak ganó el Tour de 1956. ¿Cómo pudo ser?

La historia acuñaría el término ‘ganar a lo Walkowiak’ en un intento de restar méritos a un campeón con el que nadie contaba. 

Pero lo cierto es que la victoria del francés hijo de polacos fue justa y meritoria. No ganó ninguna etapa (quizá por eso la prensa le machacó), pero cimentó su éxito en las fugas de largo recorrido.

Roger Walkowiak, sorprendente ganador del Tour de 1956

Roger Walkowiak, sorprendente ganador del Tour de 1956 / -

Walkowiak logró filtrarse en fugas en la etapa cuarta, quinta y sexta. Nadie contaba con él y nadie se preocupó demasiado. Pero en la séptima etapa, entre Lorient y Angers, 244 kilómetros, Walkowiak entra en la escapada junto a 30 corredores más, obtiene 18 minutos y se pone líder. 

“Fue uno de esos días en los que todos se miran entre sí y nadie empieza a tirar: que si me duele la espalda, que si ayer me caí, que si hace mucho calor”, contaría años después. 

Cedería el liderato pocos días más tarde, aconsejado por Sauveur Ducazeux, su director. “Guarda fuerzas, las necesitarás”, le dijo. 

Pero Walkowiak tuvo los arrestos para recuperar el amarillo ya en la semana final, en los Alpes. 

Mientras, la prensa sostenía que lo suyo era un accidente. “Que Walkowiak gane el Tour es como si Jean Robic se dedicase al baloncesto”, escribió un periodista. (Robic no era precisamente el ciclista más espigado del pelotón). 

Más que aplausos, lamentos

Sin carisma, pero con la resistencia necesaria para sostener el amarillo, Walkowiak llegó a París como líder. A la organización del Tour no le gustó demasiado.

“Los aplausos del público sonaron como un lamento”, escribió Jacques Goddet, el patrón de la carrera, afectado por la falta de ‘glamour’ del ganador. Curiosamente, el segundo en el podio fue Bauvin, a quien ‘Walko’ había sustituido. 

Y después, ¿qué?

Y después del Tour, ¿qué? Muy poca cosa, la verdad. Ganó una etapa en la Vuelta a España de 1957, pero en el Tour de ese mismo año, en el que defendía el dorsal ‘1’, se retiró en la 18ª etapa. 

Peor le fueron las cosas en el Tour de 1958: acabó en la posición 75. Solo tres ciclistas completaron el recorrido con más tiempo que él.

Estuvo cerca de convertirse en el primer ciclista capaz de ganar un Tour… y de acabar otro Tour como último clasificado.

Decepcionado por el trato de la prensa, Walkowiak abandonó el ciclismo poco después. Abrió un bar en su localidad natal, pero la aventura no duró demasiado. 

“Venían a verme y algunos se burlaban de mí”, lamentaba.

“Por eso nunca hablo de eso, ni siquiera con mi mujer. Nadie sabe cuánto sufrí”.