¿Puede Pogacar construir en Lieja un legado como el de Merckx?
El esloveno del UAE ya ha ganado en dos ocasiones el cuarto Monumento y quiere acercarse al récord del mítico Eddy Merckx

Pogacar celebra su victoria en el Tour de Flandes 2025 / AP
Hay nombres que no necesitan presentación y carreras que no necesitan justificación. Eddy Merckx y la Lieja-Bastoña-Lieja forman parte de ese reducido grupo. El Caníbal dominó la Decana con una superioridad que parecía irrepetible: cinco victorias (1969, 1971, 1972, 1973 y 1975) en una época en la que no existían potenciómetros ni control por radio. Solo fuerza, instinto y hambre.
Y ahora, más de medio siglo después, un nuevo talento desafía la historia: Tadej Pogacar.
Desde que irrumpió en el ciclismo profesional, Pogacar ha demostrado que no hay terreno que se le resista. Montaña, contrarreloj, clásicas, grandes vueltas… todo parece posible para el esloveno. Pero si hay una clásica que conecta con su estilo agresivo, su capacidad de sufrir y su ambición sin límites, es Lieja-Bastoña-Lieja.
En 2021, Pogacar ganó por primera vez la Decana con un sprint ajustado frente a Alaphilippe y Gaudu, tras resistir los ataques y leer perfectamente el momento. En 2022 y 2023 no pudo repetir y Remco Evenepoel se llevó las dos ediciones, pero en 2024 regresó con una potencia abrumadora, lanzando un ataque lejano en la Roche-aux-Faucons que recordó a los movimientos de Merckx en los años 70.
Lo que diferencia a Pogacar del resto es que no corre para ganar, corre para dejar huella. Y Lieja es la carrera ideal para eso: larga, compleja, con un terreno ondulado donde la táctica y las piernas pesan por igual.
A diferencia de Flandes o Roubaix, donde los especialistas del pavé tienen ventaja, en Lieja Pogacar puede desplegar su abanico completo: atacar en subida, mantener ritmo alto en solitario, y rematar si hace falta al sprint.
Aún está lejos de los cinco triunfos de Merckx, pero con solo 26 años y una agenda que siempre incluye las Ardenas, el esloveno tiene tiempo y talento para construir una historia propia. Además, el cambio de recorrido (con final ahora más rápido, tras bajada técnica) favorece su perfil de ciclista valiente, capaz de irse solo desde lejos.
Merckx es, por ahora, intocable. Su dominio en los 70 fue absoluto, y su figura sigue siendo la referencia en cada clásica belga. Pero Pogacar representa una evolución del campeón total: moderno, metódico, pero con ese aire romántico que tanto se echa en falta en el ciclismo actual.
Si continúa corriendo Lieja con ambición —y todo indica que sí— no es descabellado imaginarle igualando o incluso superando el palmarés del Caníbal. Ya no como una sombra de Merckx, sino como el ciclista que revitalizó la Decana para toda una nueva generación.
Pogacar aún no ha hecho historia en Lieja. Pero tiene las piernas, la cabeza y el carácter para escribir su propia leyenda.
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