El verdugo del Lyon
Javi Rueda fue el protagonista del Celta en la eliminatoria contra el Olympique al anotar dos goles y provocar la expulsión de Niakhaté que allanó el camino hacia los cuartos de final de la Europa League

Javi Rueda saluda a los aficionados a su llegada a Peinador. / Marta G.Brea
J. C. Guillade
El Olympique tardará tiempo en olvidarse de Javi Rueda, un futbolista que hace un par de años jugaba en la Primera RFEF y el jueves incendió el Groupama Stadium por una banda derecha que generó pesadillas al equipo de Paulo Fonseca. El entrenador portugués volvía a quedarse fuera de Europa ante el Celta por segunda, tras el trago amargo que vivió al frente del Shakhtar Donetsk por los goles de Aspas y de Cabral en Kiev. En esta ocasión, el verdugo principal de Fonseca ha sido Javi Rueda, que abrió el marcador en Vigo la semana pasada y el jueves repitió con el primer tanto del partido tras provocar la expulsión de Niakhaté. Antes, el árbitro y el VAR le habían perdonado una tarjeta roja a Tagliafico por una entrada terrorífica al tobillo del carrilero céltico, que convirtió de nuevo el costado derecho céltico en el pasillo de su casa, donde arrancas los sueños infantiles con una pelota.
En Lyon, Rueda ejecutó a la perfección el plan de Giráldez de presionar la salida del balón del Olympique para anular el dominio abrumador que el conjunto francés ejerció en Balaídos. Además, los célticos entendieron que el flanco de Tagliafico era el más débil para poder sacar rédito al esfuerzo de presionar desde el primer minuto. El internacional argentino sufrió desde el primer balón que tocó porque Rueda le apretó tanto que tuvo que doblarle el tobillo para intentar recuperarlo dentro del área. Ni el árbitro ni el VAR apreciaron falta en una acción clara y evidente de penalti y expulsión, mientras el jugador del Celta requería dolorido la atención de los servicios médicos. Rueda demostró en esa jugada que la elasticidad de sus articulaciones es tan poco común como la de otro céltico que también amaba las cabalgadas por la banda: Juanfran García. Esa elasticidad evitó que el Celta se quedase en el primer minuto de partido sin una pieza fundamental en la eliminatoria y sin un penalti y una expulsión a favor. El lateral del Celta reanudó el juego con la misma vitalidad, convirtiendo su parcela en un campo de minas para el Olympique, que a los 18 minutos tuvo que recurrir de nuevo a la violencia física para parar a Rueda. Sobre la otra pierna y más o menos a la misma altura actuó con sus tacos Niakhaté para intentar frenar al zaguero céltico. Esta vez, el colegiado bosnio no dudó en mandar al vestuario al central al comprobar la peligrosa torsión sufrida por el tobillo del andaluz, que necesitó nuevamente de asistencia para continuar en el partido. Fue extraño que no tuviese que marcharse con urgencia al hospital a que el arreglasen los desperfectos en ambas piernas. No fue así. El jueves le esperaba otro día inolvidable en la competición europea.
Omnipresente
En el partido de ida, Rueda había sido uno de los protagonistas de un gol coral que la UEFA no ha parado de difundir en los últimos días en redes sociales por la belleza plástica de una jugada que inició el propio Rueda desde su defensa. Combinó hacia adelante con Vecino, que se apoyó en Aspas antes de iniciar una carrera en la que sorteó a unos cuantos rivales y abrió a la izquierda hacia Williot. El sueco ganó la carrera a su marcador y cruzó un pase por delante de los centrales rivales para que lo recibiese Rueda, que tras una carrea de setenta metros abrió el marcador para un Celta que acabaría cediendo un empate en la recta final de un partido en el que los cuarenta últimos minutos los jugó en inferioridad numérica por la expulsión de Borja Iglesias
En el Groupama Stadium, la expulsión de Niakhaté facilitó todavía más las apariciones por la banda de un Javi Rueda que se reservaba para iniciar la eliminatoria definitiva del Olympique. En el minuto 61, abrió el marcador tras una bonita combinación entre Carreira y Hugo Álvarez. El andaluz se presentó en el área por detrás del delantero centro y solo tuvo que embocar el balón. Le saltaron las lágrimas al joven futbolista de Alozaina. “No me lo creo ni yo”, dijo tras el partido al recordar que el Celta había logrado meterse en los cuartos de final de la Liga Europa. En Lyon no olvidarán con facilidad el nombre de Javi Rueda, verdugo del Olympique y uno de los exponentes del excelente juego que practica el equipo de Giráldez, que tuvo en Williot Swedberg el protagonista para superar la eliminatoria contra el PAOK griego y a Rueda se ponerse a cuatro partidos de la final de Estambul.
Vía: Faro de Vigo
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