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La surrealista llegada de Michael Robinson a Osasuna: "No nos salva ni Spiderman"
Tras buscar 'Osasuna' en un mapa, en enero de 1987 Robinson llegó a Pamplona y se sorprendió al ver que el gerente de su hotel y su entrenador eran la misma persona, Pedro Mari Zabalza

Robinson, en Tajonar
La historia prometía: un delantero británico de raíces irlandesas, campeón de Europa con el Liverpool, dándole vueltas a un mapa de España intentando encontrar una ciudad llamada Osasuna mientras se toma una pinta de cerveza en un pub de Londres.
A partir de ahí, las cosas solo podían ir a mejor, como así fue: la llegada de Michael Robinson a Osasuna, en el mes de enero de 1987, supondría una revolución para el fútbol español. No tanto en lo puramente futbolístico, porque una lesión lo obligó a retirarse, sino en lo comunicativo: Robinson colgó las botas, se puso delante de una cámara y cambió la manera de contar el fútbol.
Sus primeras horas en Pamplona dieron para mucho. '¿Dónde me he metido?', debió de pensar. No sabía castellano ("solo tres palabras; hola, adiós y cerveza", confesaría después) y cuando llegó al hotel que le había preparado el club, tras viajar por carretera desde el aeropuerto de Bilbao, le recibió un señor de mediana edad. Era Pedro Mari Zabalza.
Dos en uno: director de hotel y entrenador del equipo
"Era un tipo elegante, con canas, que no hablaba inglés. Me dijo que era el director de hotel y también el entrenador de Osasuna, pero yo no lo entendí bien. Me dijo que las once de la mañana del día siguiente tenía que ir a entrenar", explicó Robinson años después.
Al día siguiente, puntual, Robinson se fue a Tajonar, la ciudad deportiva de Osasuna. Y vio a Pedro Mari Zabalza. A Robinson le extrañó. ¿Qué hacía el director del hotel allí, vestido de chándal y dando toques a un balón?
"La ciudad se llamaba Pamplona"
"Menudo anfitrión, pensé, ha venido hasta aquí a ver cómo estaba el césped en mi primer día de trabajo. Y cuando hablaba, la gente le escuchaba. Al regresar al hotel, le conté a mi mujer que el director del hotel era el que mandaba en el equipo. Descendíamos seguro… Yo había llegado para salvar a Osasuna y pensé que a Osasuna no lo salvaba ni Spiderman. Y entonces mi mujer me contó que Osasuna no era la ciudad, sino el nombre del equipo; la ciudad era Pamplona".

Michael Robinson durante uno de sus partidos con Osasuna / EFE
La anécdota retrata el buen humor de Robinson, y también la iniciativa empresarial de Zabalza (Pamplona, 1944), que había sido jugador del Barça entre 1967 y 1973. Fue uno de los primeros socios de la cadena de hoteles NH. La fundó otro navarro, Antonio Catalán, buen amigo de Zabalza. "En su momento, me propuso entrar en el negocio y acepté", contaba Zabalza.
Todo empezó con el hotel Ciudad de Pamplona, a finales de los setenta. La empresa creció hasta convertirse en una multinacional con presencia en varios países: Zabalza compaginó su cargo como entrenador de Osasuna con su trabajo en la empresa hotelera.
Estuvo más de una década como accionista de NH, convirtiendo el negocio hotelero en una parte más de su vida. Concluida su etapa en NH (Antonio Catalán vendió la empresa en 1997), Zabalza dio un paso adelante sin abandonar los hoteles. "Junto a unos amigos, ex jugadores como Palau, Franch o Zaldúa, pusimos en marcha HG Hoteles", explica.

Pamplona no olvida a Robinson / Villar López / EFE
El periplo de Robinson en Pamplona fue breve. Estuvo dos temporadas y media, en las que jugó 58 partidos y marcó 16 goles: suficiente para saber que viviría siempre en España.
Jugó su último partido con el equipo navarro en enero de 1989. Al año siguiente comentó para la televisión el Mundial de 1990: el fútbol perdía a un jugador pero ganaba un excelente comentarista.
No hablar bien ninguno de los dos idiomas
Con los años, Robinson se hizo enormemente popular. No solo no perdió nunca la ironía británica, sino que supo aderezarla con la frescura española.
"He conseguido no hablar bien ninguno de los dos idiomas", decía. Entre la profesión periodística siempre corrió el rumor de que los responsables de su televisión le instaban a que pasase temporadas en su país para que no perdiera nunca ese acento inglés que tanto le caracterizaba.
Decía Robinson que pese a haber nacido en Leicester, su espíritu era español. "Mi madre fue la mujer más graciosa que yo conocí nunca. Tras un año en España, recuerdo haberle dicho: 'Oye, mamá, ¿tú no tendrías algo con un español, no?"
Ya enfermo, Robinson afrontó el cáncer con una entereza admirable. "El cáncer puede que me mate, pero lo que no va a hacer es matarme todos los días".
Nunca perdió su visión optimista de la vida. "Tengo 60 años y he vivido en Disneylandia", aseguró en una charla con Carles Francino, en la Cadena SER.

Parte de la sala de prensa de El Sadar dedicada a Michael Robinson / CA OSASUNA
Sin embargo, su salida de Osasuna no fue del todo agradable. Se operó de la rodilla, convencido por el club y en contra de su voluntad, según explicó tiempo después.
"Fue una operación que no pedí y que no necesitaba. Seis semanas después de aquello, a los 19 minutos de volver a jugar, me quedé cojo". No le quedó más remedio que dejar el fútbol.

Robinson, durante su etapa en Liverpool / EFE
Amargo reencuentro
Tampoco fue agradable su reencuentro con el club navarro, años después, cuando ya era comentarista de Canal+. En 1992, en la previa de un Osasuna- Atlético de Madrid, habló con el gerente del equipo para pedirle que su hijo pudiera salir al campo con el capitán de Osasuna.
"Cuando el niño estaba en el túnel para salir de la mano de Iñaki Ibáñez, el delegado les separó e impidió a mi hijo saltar. Yo no sé qué hice tan mal para que me tengan tanta manía, para hacerle eso a mi hijo...A mí pueden machacarme, pueden dejarme cojo, pero hacer eso a un niño de siete años...No he sido capaz de perdonárselo", dijo cuando visitó 'Chester', el programa de Risto Mejide, en 2018.

Robinson fue premio Vázquez Montalbán / Alejandro Garcia / EFE
El tiempo limó asperezas, y Robinson pudo volver a Pamplona y al estadio de El Sadar plenamente reconciliado con el club. Tras su fallecimiento, el 28 de abril de 2020, el club le quiso rendir un homenaje: desde 2021, la sala de prensa de El Sadar lleva el nombre de Michael Robinson.
En el interior de dicha sala, un panel gigante con fotografías de sus mejores momentos en el equipo recuerdan quién fue aquel inglés irónico y siempre de buen humor que un buen día de enero de 1987 llegó a España para no irse nunca más.
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