FC BARCELONA
El monumental cabreo de Raphinha
El blaugrana, que disputó la última media hora en la derrota de Brasil en Bolivia (1-0), se quejó amargamente por tener que jugar a 4.100 metros sobre el nivel del mar

Raphinha extremadamente irritado al final del partido en La Paz / @RadioCuler
Nada ha tenido sentido en esta fecha FIFA con lo que ha hecho Carlo Ancelotti con Raphinha... y por extensión con el FC Barcelona. De nada ha servido que el delantero gaucho se haya ganado a pulso el estatus de 'vaca sagrada' con su selección, dando la cara durante muchos meses en los que Vinícius Jr., incluso optando al Balón de Oro, estaba desaparecido o en horas bajas cuando se vestía de 'verdemarelo'.
Hay que repetir y denunciar que el técnico italiano ha sido parcial y ha mostrado un doble rasero inadmisible entre el Real Madrid, que entrenaba hasta mayo, y el Barça. Mientras el trío merengue, Vinícius Jr., Rodrygo y Éder Militao se pasó todo este parón de selecciones descansando en la capital española porque no fueron convocados, a Raphinha le tocó cruzar el Atlántico y acabar jugando los dos encuentros que cerraban las eliminatorias sudamericanas, y que no tenían ningún valor añadido para la Canarinha, que ya tenía el pasaporte sellado para el Mundial 2026 desde junio.
Esta última madrugada, en la altitud de El Alto, se confirmó el 'escándalo Raphinha' que SPORT ha ido detallando durante este parón de selecciones. El delantero blaugrana acabó jugando los últimos 30 minutos del Bolivia-Brasil. Ancelotti lo puso a jugar junto a Marquinhos, Estevão y João Pedro para intentar levantar el 1-0 adverso que había en aquel momento, fruto de un penalti inexistente transformado por Miguelito, que el VAR, dirigido por el chileno Rodrigo Carvajal, se inventó y que su compatriota, el colegiado Cristian Garay, ratificó.
El esfuerzo de jugar a 4.100 metros, a 6 grados de temperatura y en un ambiente muy hostil, era innecesario para Raphinha y el resto de los titulares que salieron para levantar un partido en el que Ancelotti, de forma egoísta, solo buscaba mantenerse invicto como seleccionador brasileño.
Los bolivianos, tirando de todos los recursos posibles, aguantaron el resultado con un comportamiento ético muy reprochable y, con la derrota de Venezuela en casa contra Colombia (3-6), certificaron su presencia en la repesca. Por su parte, Brasil cerraba las eliminatorias sudamericanas en quinto lugar, la peor posición de su historia desde que se juega en un grupo único en formato de ida y vuelta.
Raphinha dejó La Paz cansado, derrotado... y extremadamente irritado por todo lo que había ocurrido. No se mordió la lengua. "A partir del momento en el que un equipo te hace jugar a 4.000 metros de altitud para poder ganar el partido, pienso que eso perjudica bastante a las demás selecciones. Y luego, en un encuentro equilibrado como el que estábamos jugando, el árbitro se inventó un penalti. Creo que eso complica aún más nuestro juego dentro del campo", declaró muy indignado.
El enojo era visible en toda la expedición brasileña. El presidente de la CBF, Samir Xaud, llegó a denunciar la "truculencia policial" sufrida por la Seleçao en el estadio de El Alto. "Hemos jugado contra el arbitraje, la policía y los recogepelotas", expuso.
Y Ancelotti calificó el partido como "único, muy diferente al resto de los que hemos jugado, por unas situaciones que nos perjudicaron mucho". También protestó por la jugada del penalti: "el VAR intervino en la decisión del árbitro y esto son cosas que se pueden mejorar", dijo.
"De positivo en el partido de hoy, vi el esfuerzo del equipo, de los jugadores, porque es muy difícil jugar aquí. Eso ya se sabía. Los jugadores hicieron un esfuerzo tremendo, el partido fue muy complicado, difícil, tanto por el componente técnico como por el componente físico", añadió Carletto.
Raphinha regresa a Barcelona haciendo escala previa en Inglaterra. Ha acumulado 108 minutos de juego entre la victoria contra Chile en Maracaná (3-0) y el KO en la altitud andina de Bolivia (1-0). Lo peor no es el minutaje, sino el desgaste extracampo: tener que cruzar el Atlántico, con el consiguiente cambio horario, y afrontar dos partidos disputados con una gran amplitud térmica y el peaje añadido de la altitud. Todo era evitable, pero Ancelotti no lo quiso así y el Barça no tuvo fuerza en los despachos para evitar este desaguisado.
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