La maldición Bela Guttmann cae sobre el Benfica
Bela Guttmann lanzó una profecía al Benfica que se repite aún ahora, más de tres décadas después
El Benfica tiene muy presentes las palabras de Bela Guttmann porque tres décadas después de ser pronunciadas aún se repiten como una maldición. Este técnico húngaro nacionalizado austríaco dirigió al equipo durante tres triunfales temporadas. De la 59 a la 62 ganó seis títulos, con dos Copas de Europa incluidas. Como un sabio que augura años de sequía para los campesinos, Guttmann aseguró al irse del Benfica que "este equipo nunca más volverá a ganar una final Europea". Ahora nadie sabe cómo sacarse de encima esta maldición, pues son seis las finales europeas que ha perdido desde entonces.
Guttmann llegó a Portugal tras una exitosa etapa de entrenador en Suramérica, donde se refugió del nazismo. Fichó por por el Oporto en la temporada 58-59 y ganó la Liga por una mayor diferencia de goles. En la siguiente fue contratado por el Benfica, con unas exigencias impensables para la época: 400 contos líquidos por año, 150 de prima por la conquista de la Liga, 50 de la Taça y 200 por la Copa de Europa. Tanta era la incredulidad entre la directiva para que se lograra este último título que, como riéndose de sus condiciones, le subieron a 300 contos el premio. Guttmann logró en la temporada 60-61 la Copa de Europa en una final disputada en Berna, contra el Barcelona, y se llevó como premio más que toda la plantilla junta. Repitió el cetro europeo en la siguiente temporada (61-62) ante el Real Madrid. Con motivo de este segundo título fue recibido por Antonio Salazar y nombrado 'comendator'. A la salida de la recepción, se giró para Fezas Vital, que iba a sustituir a Mauricio Vieira de Brito en la presidencia del club para anunciarle su marcha del club: "No puedo entrenar a 14 comendatores". Todos pensaron que era broma pero no lo fue.
Guttmann, al mismo tiempo, dejó una frase para la historia: "Ni de aquí a cien años un equipo portugués será bicampeón europeo ni el Benfica jamás ganará sin mí una Copa de Europa". Sin él, el Benfica nunca más ganó un título europeo pese haber participado en seis finales. La última fue en Viena (1990), cerca del cementerio judío donde Guttmann fue enterrado. En la víspera del partido contra el Milan, Eusebio fue a rezar para el alma del técnico y le pidió a los dioses que deshicieran la maldición. Fue en vano.
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