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Goiburu, el navarro rebelde

No había cobrado ni una sola peseta hasta su llegada al Barça en 1929, casi con 23 años

Interior derecho, de gran despliegue físico y un potente disparo desde la larga distancia, fue azulgrana entre 1929 y 1934, destacando por una acusada personalidad que lo llevó a hacer lo que sentía y quería. También brilló como pelotari

Severiano Goiburu con la camiseta del FC Barcelona. Disputó 132 partidos oficiales y anotó 68 goles entre 1929 y 1934

Severiano Goiburu con la camiseta del FC Barcelona. Disputó 132 partidos oficiales y anotó 68 goles entre 1929 y 1934 / FCB

David Salinas

David Salinas

Arana, Vergara, Alfonso Navarro, Serafín, Fusté, Martín Domínguez, Goikoetxea, Unzué, José Mari, Sánchez Jara, Óscar Arpón, Ezquerro, Nano, Damià, Rubén Iván, Arnaiz, Abde... Todos defendieron los colores del Barça y de Osasuna, como Severiano Goiburu, un futbolista excepcional, con una personalidad muy acusada y olvidado por el inexorable paso del tiempo.

Severiano Goiburu Lopetegui nació en Pamplona el 8 de noviembre de 1906 y fue el menor de catorce hermanos. En 1964, en una entrevista que concedió a ‘Marca’, aseguró que “solo llegué a conocer a siete, y los siete, aficionados al fútbol”. En este deporte destacaron también Jesús y Estanis, que llegaron a jugar en Osasuna.

Estanis (Pamplona, 13-11-1902) pasó por las categorías inferiores del Barça entre 1929 y 1931 y disputó algún amistoso con el primer equipo. Fue conocido como ‘Goiburete’ por no tener la misma clase que Seve, pero fue un virtuoso de la guitarra. Falleció en Leiza en noviembre de 1937, durante la Guerra Civil, en “circunstancias nunca aclaradas”. Tenía 35 años.

Severiano Inició su etapa escolar en Tudela para seguirla en Madrid, donde la familia Goiburu Lopetegui trasladó su residencia y allí, antes de otra peregrinación, a Cangas del Narcea, Seve inició sus actividades futbolísticas a los 15 años en la Real Sociedad Gimnástica Española de Madrid.

Regreso a casa

En 1925 fichó por Osasuna, debutando con el primer equipo en un partido de Copa contra el Murcia (4-2). Con el conjunto navarro, en Segunda División, marcó 12 goles en los 12 partidos que disputó, concentrando las dianas en siete de ellos. Además, fue el primer jugador del cuadro pamplonica en llegar a la selección española, el 19 de diciembre de 1926. Debutó con un gol ante Hungría (4-2) en Vigo. Fue internacional por España en 12 ocasiones (6 goles) entre 1926 y 1933. Suyo fue el gol de la victoria contra Inglaterra (4-3) en mayo de 1929, en el estadio Metropolitano, un tanto que significó la primera derrota de los ‘pross’ lejos del Reino Unido.

La temporada 1929-30 se unió al FC Barcelona. Estaba estudiando Farmacia y, por esta razón, para seguir su formación, escogió el Barça pese a tener ofertas del Athletic y el Real Madrid. El equipo catalán pagó 60.000 pesetas por el traspaso y a Goiburu un suelo de 2.000. Se alineó siempre de interior derecho, formando ala con Piera, y Samitier como referencia en ataque. El navarro, como él mismo reconoció años después, no había percibido “ni una sola peseta del fútbol hasta mi incorporación al Barcelona”.

Goiburu no se limitó a marcar goles y destacó por su efectivo regate. Una característica, sin embargo, que le acarreó problemas en Les Corts. Hasta el punto de ser advertido por la directiva en octubre de 1930 para que “no abuse del dribbling en la forma que lo viene haciendo”. El navarro tenía un potente disparo desde la larga distancia y a la menor ocasión buscaba posición de disparo, lo que le obligaba a ir sorteando adversarios uno detrás de otro. La advertencia, aunque tuvo que repetirse en enero de 1931, acabó teniendo efecto y años más tarde, en una entrevista, reconoció que en el campo le gustaba “ayudar a los compañeros” y “buscar la pelota y entregarla al jugador mejor situado”. Igualmente, fue advertido por comportamiento inapropiado en las vísperas de los partidos.

Penalti a las nubes y doblete en Mestalla

En octubre de 1929, en un derbi del Campionat de Catalunya, en Sarrià, tomó la responsabilidad de lanzar un penalti después de que nadie se atreviera a dar el paso para ejecutarlo. Lo lanzó a las nubes. Zamora, meta blanquiazul, contó que Goiburu “se dejó impresionar por mis saltos” y que “casi siempre, por lo fuerte que quieren chutar (los lanzadores) tocan el balón alto y eso es lo que a Seve le ha ocurrido”, desveló el ‘Divino’. Puso fin a su etapa azulgrana por intuir que la afición estaba incómoda con él...

En la temporada 1931-32, en un desplazamiento a Valencia, se acercó el domingo por la mañana a un frontón donde jugaban unos amigos, uniéndose a ellos. En el grupo había un directivo del Valencia que lo retó a jugar un partido en serio. Aceptó. “El directivo debió frotarse las manos, sospechando que yo dejaría en el frontón las energías que me hacían falta por la tarde en Mestalla. Concluido el partido de pelota, me dijo: “¿Qué, dispuesto a jugar otro?" Dispuesto, le contesté. Y después de los dos partidos de pelota fui al campo de Mestalla y le marqué dos goles al Valencia”. El Barça se impuso por 2-3. Goiburu anotó el doblete en 9 minutos (67 y 76).

Guerra y más fútbol

En 1934 recaló en el Valencia, equipo que defendió hasta el curso 1940-41 en dos etapas, pues regresó al club de Mestalla en 1939, después de estar destinado en la Seu d’Urgell durante la Guerra Civil en una compañía de esquiadores. Ya en su declive, pasó al Levante, en Segunda, sin poder impedir el descenso. Colgó las botas y continuó ligado al fútbol como técnico y entregado a su pasión: la pelota vasca (fue campeón amateur de España de pala en 1945 y 1946 y de pala corta en 1946). Se hizo cargo del banquillo del Murcia (1942-43) “obedeciendo compromisos de ineludible amistad”, equipo con el que llegó a jugar un partido en octubre de 1942, contra el Málaga por necesidades del guion. Pese a la derrota por 4-1, Seve, con casi 36 años, fue el autor del gol de su equipo.

Pero se llevó una gran decepción viendo el fútbol desde la banda y desertó después de dirigir al Alicante, donde estableció su residencia después de aceptar un trabajo de preparador de pelotaris y encontrar empleo en el Ayuntamiento.

Se fue del fútbol profesional molesto con el entorno: “No se puede tolerar observaciones de unos señores que, por ser directivos, se creen técnicos. Ni soportar la ineptitud de quienes imponen su condición de accionistas”. Falleció en Pamplona el 31 de julio de 1982.