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COPA DEL REY

Flick sentó a Casadó en el minuto 37 para tratar de frenar la sangría con Lewandowski

Hansi Flick sustituyó a Marc Casadó antes del descanso, buscando modificar el juego del Barcelona tras verse superado por el Atlético de Madrid en el Metropolitano

Casadó, en el momento de ser sustituido

Casadó, en el momento de ser sustituido / TVE

Xavier Ortuño

Xavier Ortuño

Hansi Flick decidió no esperar al descanso para intervenir en un partido que se le estaba escapando de las manos en el Metropolitano. Con un 3-0 en contra antes de los primeros trenta y cinco minutos, el técnico alemán ejecutó un cambio de piezas y de dibujo que buscó, por encima de todo, buscar una solución para evitar el dominio aplastante del Atlético.

La salida de Marc Casadó en el minuto 37 fue el movimiento más significativo. El canterano, que se vio superado por el ritmo y la intensidad del centro del campo rojiblanco, quedó señalado como el eslabón más débil de la estructura defensiva en ese tramo inicial. Flick detectó que el equipo no solo no contenía, sino que tampoco generaba nada de fútbol por dentro, y optó por prescindir del pivote para buscar una solución de emergencia.

La entrada de Robert Lewandowski trataba de fijar a los centrales del Atlético y ganar presencia en un área donde el Barça no había comparecido. Al introducir al polaco, el técnico buscó que el equipo tuviera un receptor arriba para desahogar la presión y, de paso, obligar al rival a vigilar más su espalda, tratando de frenar así las oleadas locales por simple acumulación de efectivos en ataque.

Fue una reacción rápida de Flick que vio que no era suficiente con retoques sutiles y se encomendó a su hombre de referencia para intentar salvar los muebles antes de que la eliminatoria quedara vista para sentencia en la primera parte.

Flick mimó a Casadó

Mientras el cuarto árbitro levantaba el cartelón con el número de Casadó, Flick no permitió que el centrocampista se marchara directamente al banquillo con la cabeza baja. El técnico alemán lo interceptó en la banda, agarrándolo del brazo para darle explicaciones directas y gestuales durante unos segundos. Lejos de ser una reprimenda, la charla pareció un intento del entrenador por justificar una decisión puramente táctica y de supervivencia, tratando de amortiguar el golpe anímico para un canterano que, hasta ese minuto 37, no había logrado encontrar su sitio en el esquema de presión que exigía el partido