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El descubrimiento en Australia que pone en duda cómo se formaron los primeros continentes

Científicos analizan la roca más antigua de Australia y encuentran pistas fundamentales sobre el origen de la vida

El descubrimiento en Australia que pone en duda cómo se formaron los primeros continentes

El descubrimiento en Australia que pone en duda cómo se formaron los primeros continentes

David Cruz

David Cruz

Australia se ha convertido en el centro de una investigación científica que obliga a replantear el origen de la vida y las condiciones en las que pudo surgir la vida. El análisis de una roca que conserva cristales de hasta 4.160 millones de años ha revelado información inesperada sobre la evolución temprana de la Tierra.

El estudio, publicado en la prestigiosa revista Nature, se basa en el examen de diminutos cristales de circón, considerados los minerales más antiguos que se conocen.

Estos circones proceden de Jack Hills, en Australia Occidental, el único lugar del mundo donde se han conservado minerales formados durante el eón Hádico, la etapa más primitiva del planeta.

Aunque las rocas intactas más antiguas apenas superan los 4.000 millones de años, estos cristales actúan como cápsulas del tiempo capaces de revelar cómo era la corteza terrestre en sus primeros compases.

El equipo científico comparó los circones australianos con otros procedentes del cinturón Greenstone, en Sudáfrica, formados al final del mismo eón. Las diferencias químicas halladas, especialmente en elementos como niobio, uranio o escandio, sugieren que no todos se originaron en un entorno geológico uniforme.

Según explica John Valley, investigador de la Universidad de Wisconsin-Madison, muchos de los circones de Jack Hills no proceden del manto terrestre, sino de una corteza continental primitiva, posiblemente formada en zonas similares a las actuales regiones de subducción.

Este escenario apunta a que la Tierra temprana no estaba cubierta por una única capa homogénea, sino que ya existían regiones rígidas y bloques continentales emergidos.

¿Y por qué es clave? Porque esos entornos habrían ampliado de forma significativa las zonas potencialmente habitables, adelantando cientos de millones de años el momento en que la vida pudo empezar a desarrollarse en la Tierra.